Ante la cuestión social, los católicos, que no querían que la Iglesia se mezclara en asuntos que le eran extraños adoptaron, en líneas generales, dos tendencias:
- CARITATIVA-ASISTENCIAL
- SOCIAL
Antes de las intervenciones del Papa, tanto la jerarquía como los católicos en general se negaron a admitir reformas estructurales y consideraron peligrosos revolucionarios a los que se esforzaban en modificar la condición obrera. No se dieron cuenta de los problemas que provocó la Revolución Industrial.
Frente a esta tónica, hubo católicos que sintieron las verdaderas preocupaciones sociales desde muy pronto y admitieron que la cuestión obrera planteaba un problema, no sólo de caridad sino también de justicia.
Ya desde el comienzo del pontificado de Pío IX empezó a desarrollarse la línea más conservadora en la acción social de los católicos, que defendía el derecho de propiedad y condenaba en bloque el socialismo y el comunismo. También el Papa los condenó en su primera encíclica “Qui pluribus” (1846) y después en el “Syllabus”. Más tarde, León XIII renovó las mismas condenas en sus encíclicas “Quos Apostolici muneris” (1878) y “Auspicato Concessum” (1884).
