NICEA (325 – 2025) – 2

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Nicea tenía su origen en la colonia griega de Anocre. Sus orígenes son antiguos, vinculados a Alejandro Magno.

Los más atrevidos dijeron que había sido fundada en honor de la ninfa “Nicea”, o por Hércules. Así, pues, por ello, y por su tradición, Nicea tenía su ascendencia y particularidades históricas.

A principios del siglo IV de la era cristiana, Nicea era una ciudad importante, aun con un clima pésimo en verano.

Situada en un cruce de caminos, tenía su valor por su situación estratégica, razón por la que los romanos la incorporarían a su Imperio hacia el 74 a.C.

Plinio, el joven, Claudio, Adriano, la embellecieron con monumentos y edificios, la colmaron de privilegios y la dotaron de mejores murallas.

Constantino centró su atención en ella para fijar la convocatoria del primer concilio ecuménico de la Iglesia.

Nicea tenía muchas ventajas: excelente nudo de comunicaciones, espacios adecuados, capacidad logística para atender encuentros de magnitud… y se podía acceder a la ciudad por mar y por tierra, y distaba unos 50 km de la residencia imperial de Nicomedia y a algo más de 130 km de la que será la nueva y magnífica capital de Constantino (Constantinopla), que en los tiempos de este Concilio ya estaba gestando.

Desde que Constantino envió las cartas a los obispos convocando el primer concilio imperial (también se le identifica de este modo por ser convocado, sostenido, patrocinado, presidido por el emperador romano, que actuó como “Pontifex Maximus” – ReichsKoncil (Schwartz)), en el 325, hemos de hacernos cargo que sólo habían pasado 14 años desde el Edicto de Nicomedia (311), y 12 desde el Edicto de Milán (313), los cuales ponían fin a las persecuciones contra los cristianos.