SEPTENARIO DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES: CUARTO DOLOR

by AdminObra

CUARTO DOLOR: “María se encuentra con Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario”

CONSIDERACIÓN

Meditemos hoy algo del cuarto misterio doloroso del Rosario y todo de la cuarta estación del Vía Crucis. Con este cuarto dolor, entramos en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, y por lo tanto en la Pasión de María Santísima. A la hora de empezar su grande sacrificio, el Jueves Santo, Jesucristo dijo a sus apóstoles: «ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros». Pues la Virgen pudo decir exactamente lo mismo. Deseaba ella también con un deseo ardiente que se cumpla la redención de los hombres. A la diferencia de los apóstoles que no entendieron nada del grave momento que se acercaba, hasta que los soldados prendieron a Jesús, ellos dormidos; María no dormía y su fuerte intuición de Madre lo había adivinado todo. Ya entra en su Corazón la cuarta espada. Un momento antes, cuando San Juan le comulgó por primera vez, recibió la Virgen el Santo Cuerpo Sacramentado de su Hijo, sabiendo que este sacramento significaba y realizaba ya la muerte próxima y profetizada de sus Jesús.

Desde entonces, la Virgen siguió paso a paso todos los momentos de la Pasión de Cristo. Si hablamos de los juicios, de la cárcel, de la flagelación, de la coronación de espinas… nunca nos olvidemos que María estaba, acompañada por San Juan, tal vez no tan cerca físicamente, pero ¡cuánta unida espiritualmente al divino Corazón de Jesús!

Llama mucho la atención considerar que el encuentro entre María y Jesús camino del Calvario tuvo lugar enseguida después de la primera caída. Podemos pensar que por lo tanto es un Jesús prostrado e humillado quien, al levantar la cabeza, se encontró con la presencia y la tierna mirada de su queridísima Madre. Seguro que no tuvieron tiempo de decirse nada, y la verdad que no lo necesitaban. Muchas cosas pasan a través de una sola mirada y presencia cuando hay amor. María le significó a Jesús que estaba aquí y fue esto suficiente y necesario para que la Divina Víctima se levantase con más ánimo y seguir adelante. Desde luego, si la sola presencia pudo tanto sobre el Corazón divino, ¿qué poder tendrá María sobre nuestros corazones humanos?

 

(Rezar a continuación 1 Padre Nuestro, 7 Ave Marías y 1 Gloria al Padre).