SAN BENITO, “PADRE PATRIARCA DE LOS MONJES DE OCCIDENTE” Y PATRONO PRINCIPAL DE EUROPA

by AdminObra

El hombre de Dios Benito (480-547), un espíritu romano, estuvo formándose en la Urbe Eterna, pero marchó de ella para huir del ambiente de escasa moralidad que allí encontraba y para buscar a sólo Dios en la vida eremítica.

Sin embargo, la afluencia de discípulos atraídos por su santidad le acabó convirtiendo en un famoso abad de cenobitas en Subiaco y luego en Montecasino, para los que redactó aquí una “Regla de Monjes” que en los tiempos siguientes alcanzaría una extraordinaria difusión, amén de un éxito definitivo a partir del impulso dado a ella en el Imperio Carolingio a principios del siglo IX.

Llegaría ser así la “Santa Regla” monástica por antonomasia del Occidente cristiano, de un modo semejante a lo que las “Reglas” o “Ascetikón” de San Basilio Magno lo eran para el Oriente, si bien con notables diferencias en cuanto a la forma de su extensión, aplicación e influencia, y también en cuanto al propio concepto de “Regla”.

El San Benito legislador se nos revela como un romano organizador, que posee el sentido jurídico, de la norma, del orden y del Derecho. Pero, a la vez, se nos muestra como un cristiano empapado de la Sagrada Escritura y de la lectura de los Santos Padres, perfectamente enraizado en la tradición monástica anterior. No es tanto el “pater familias” romano-pagano como el “pius pater” romano-cristiano; y es el “abbas”, el abad paternal para sus monjes, pero que también posee la conciencia romana del deber de aplicar la justicia dentro de su monasterio, el cual es un “taller espiritual” y un cuartel en el que se ejercitan los “milites Christi”, los “soldados de Cristo” que forman la milicia al servicio de Cristo Rey y Señor.

El monasterio es asimismo una “dominici schola servitii”, una “escuela del divino servicio”, en la que el monje aprende a combatir con las poderosas armas de la obediencia.

San Benito aunó en su obra la tradición clásica y la tradición bíblico-cristiana.

El abad de Montecasino tiene aún presentes en su mente la fuerza y la disciplina de las legiones romanas; tiene presentes las escuelas de Roma y del mundo antiguo, donde los alumnos se instruyen en la cultura y para la vida; tiene presentes los talleres artesanales del orbe romano y los “collegia” o asociaciones profesionales del mismo.

Pero todo ello lo mira ya desde la óptica cristiana y lo armoniza con la tradición monástica de la que él se ha convertido en un eslabón, desde el momento en que el monje Román le impuso el hábito y desde que él se decidió a redacta una “Regla de monjes” que llegará a ser una de las más significativas señas de identidad de la Europa medieval.

En sus monasterios, San Benito realza el valor del trabajo manual, en virtud del cual sus monjes cambiarán con la azada la faz de la economía y del paisaje de Europa en los siglos siguientes.

A sus discípulos les manda leer con asiduidad la Sagrada Escritura y los libros de los Padres del monacato y de la Iglesia, lo cual obligará a sus cenobios a reunir bibliotecas que se incrementarán con el tiempo y en las que se recogerán también las obras de los autores de la Antigüedad griega y romana.

Los hijos de San Benito, uniendo el imperativo del trabajo manual y el de cultivas la “lectio divina”, se dedicarán además a la copia de libros, no sólo religiosos, sino asimismo profanos, y gracias a ello se conservará, se salvará y se transmitirá el legado clásico, el bíblico y el cristiano.

Por todo ello, en justicia, se ha llamado a San Benito “Padre y Patrono de Europa”