Jesús es signo de contradicción. Una espada atravesará el alma de María. La teología de la gloria está unida a la teología de la cruz. Al siervo de Dios le corresponde la gran misión de ser el portador de la luz de Dios para el mundo. Pero esta misión se cumple en la oscuridad de la cruz.
Cristo sigue siendo signo de contradicción que, en el fondo, es oposición a Dios. Pensamos que Dios es enemigo de nuestra libertad, un límite que se ha de abatir para que el hombre pueda ser totalmente él mismo. Dios, que es Verdad, se opone a nuestra soberbia y a nuestra mentira.
Dios es amor, pero también se puede odiar el amor cuando exige salir de uno mismo. Sólo podemos ser liberados de nosotros mismos por el sufrimiento de la cruz. La luz y cruz van juntas.
La oposición contra el Hijo afecta también a la Madre e incide en su corazón. La cruz de la contradicción, que se ha hecho radical, se convierte en Ella en una espada que le traspasa el alma. De María podemos aprender la verdadera compasión, libre de sentimentalismo alguno, acogiendo el dolor ajeno como propio.
La insensibilidad ante el dolor ajeno es propio del paganismo. La fe cristiana opone a esto el Dios que sufre con los hombres y así nos atrae a la compasión. La “Mater Dolorosa”, la Madre con la espada en el corazón, es el prototipo de este sufrimiento de fondo de la fe cristiana.
