MEDITACIÓN LUNES I ADVIENTO (Is 2, 1-5; Mt 8, 5-11)

by AdminObra

Para este primer día ferial de Adviento, la Palabra de Dios, por medio del profeta Isaías, el gran profeta mesiánico, nos anima a ver la Historia con los ojos de Dios y descubrir, muy agradecidos, cómo se nos anuncia la Salvación a todos los pueblos.

Está previsto, según enseñanza de la Primera Lectura, que Jerusalén, la Ciudad Santa, sea faro luminoso que ilumine el camino a todas las naciones de la tierra. Dios quiere convocar a todos los pueblos bajo su misma Luz para que caminemos según sus enseñanzas santas. No hay otras.

Entonces, y sólo entonces, habrá Paz, cuando los hombres, dejando atrás malas ideologías, caminemos según su Ley.

En el Evangelio, San Mateo nos enseña que los tiempos mesiánicos ya han llegado con la Persona de Jesucristo y con sus milagros. Es uno de los pasajes más bellos de los Santos Evangelios, “la Curación del criado del Centurión”, escena que transcurre en Cafarnaum ante un mando romano que acude humilde y solícito ante el Señor en favor de uno de sus criados.

Lo que anunciaba proféticamente la Primera Lectura se ve cumplido en este militar pagano, que representa a todos esos pueblos gentiles que habrían de ser iluminados desde Jerusalén. Él, que ha oído hablar de Jesús, asume sus caminos con las virtudes propias de la vida castrense que merecerán uno de los elogios más supremos que el Señor haya ofrecido nunca. Lo que el Centurión pide a sus subordinados, él, es el primero en practicarlo: obediencia.

En este lunes primero de Adviento deseemos fuertemente ser muy fieles al cumplimiento de los Mandamientos, y vayamos con la humildad, confianza y obediencia mostradas por el Centurión a recibir la Sagrada Comunión sabiendo qué indignos somos de recibirla, pero, al mismo tiempo, mostrando qué dispuestos estamos para servir a Cristo y a su Iglesia día tras días con plena bizarría.