LECCIONES SOBRE EL APOSTOLADO de la ORACIÓN – SÉPTIMA LECCIÓN

by AdminObra

SÉPTIMA LECCIÓN: “¿CÓMO OFRECERNOS?”

Cuando en las Letanías del Corazón de Jesús la Iglesia recuerda el misterio de la Encarnación está diciendo algo muy importante en nuestra espiritualidad, que completa la lección del mes pasado.

¿Cómo podremos tener un corazón que sintonice plenamente con el de Jesús? El secreto lo saben quienes formaron el Corazón humano del Hijo de Dios: el ESPÍRITU SANTO y la VIRGEN MADRE.

  1. La idea de redimir a los hombres nació en el Corazón de Dios (Jn 3, 16).

Ahora bien, el AMOR increado de Dios es el ESPÍRITU SANTO. Él intervino especialmente en la Encarnación. En el momento de la Encarnación el Espíritus Santo santificó la humanidad de Jesús, le dio las “ansias redentoras” que diariamente pedimos en nuestra fórmula del Ofrecimiento de Obras, en la invocación inicial: “Ven, Espíritu Santo”.

  1. Actualmente, el Espíritu Santo continúa en la Iglesia la obra santificadora de Jesús. Lo llamamos en el Credo “Dador de vida” porque ora en nosotros, estimula nuestra acción apostólica, armoniza la actividad de todos los miembros del Cuerpo Místico, “hace” los Sacramentos, gobierna la Iglesia, etc. El Espíritu Santo sabe cómo formar en cada uno de nosotros un corazón lleno de grandes deseos de salvar al mundo, cosa que es mucho más difícil que “promocionar a los hombres” o “mejorar la sociedad”.
  2. ¡Y la Virgen María! Sería imperdonable olvidarla. Hemos de amarla y honrarla. Rezarle diariamente el Rosario. E imitarla en la entrega a la obra redentora que su Hijo está llevando a cabo.

Pero esto, ¿no es lo propio de todo cristiano? Sí, y precisamente lo que quiere el Apostolado de la Oración es que seamos de verdad cristianos. Pero hay un aspecto específico del Apostolado, y es el hacernos ver a la Virgen no sólo como “modelo”, sino como “formadora de nuestro corazón”; como educadora de nuestra actitud continua de ofrenda.

  1. Junto a su Corazón limpísimo formó el Espíritu Santo el Corazón del Redentor. A María le tocó cuidar del crecimiento armonioso de ese Corazón que nos salva: cuidó del Corazón físico de Jesús que iba ser desgarrado en la Cruz, y del Corazón-símbolo (la interioridad de Jesús, su amor redentor).

María, el fruto más espléndido de la redención, la primera consagrada al Corazón de Jesús, la pura criatura que mejor ha pedido y pide “venga a nosotros tu Reino”, es la educadora ideal del cristiano. Su tacto maternal, que empleó para enseñar a Jesús a orar, a trabajar, a ofrecerse, a perseverar en la Cruz hasta el fin, lo emplea para educar nuestro corazón. No nos educa en la comodidad, ni en la pereza espiritual. Ni para el éxito fácil, sino para la disponibilidad al querer del Padre, para que cada mañana digamos en serio “He aquí”.

  1. Ese influjo de María en nosotros es lo que hace que la tomemos como camino nuestro hacia Jesús; así decimos en nuestro Ofrecimiento diario “por medio del Corazón Inmaculado de María”. Sí, cada uno puede aceptar, mediante la Viren, su compromiso cristiano.

 

Algunas citas bíblicas para considerar: Rom 8, 12-17; Lc 1, 26-38