JUEVES IV PASCUA (en busca del Fuego)

by AdminObra

Jesús quiere nuestra alegría. Quiere que vivamos con alegría. A veces nos falta la alegría. ¿Por qué? Porque no ponemos en práctica lo que vemos en Él, esto es, y en este caso, el gesto del Lavatorio. Ya está. Como dijo alguien, hemos de actuar con los demás no “como” Jesús lo ha hecho conmigo, sino “porque” Jesús lo ha hecho conmigo así, de este modo.

“¿Por qué actúas así conmigo?” Imaginemos que alguien nos lance esta pregunta, la respuesta sería “porque Jesús ha hecho lo mismo con mi vida”. Y ya.

Jesús ha tenido en la Última Cena un gesto de amor total e incondicional. Amor sin condición. También con Judas. Jesús no nos ama (ni los amó) en función de su fidelidad. Nos amó. Y ya. Pero ello no evita su dolor al saberse despreciado.

En nuestras comunidades cristianas tendríamos que vivir más de este modo. Las comunidades cristianas son comunidades que alternarán y combinarán la alegría del servicio y de la entrega, basado en el amor verdadero, con el dolor, porque hay fragilidades y grandes. Pero es así.

Con todo, Jesús nos lanza más allá de nuestras comunidades para crear “comunidad” por medio de la misión. Las fragilidades y traiciones dentro de nuestras comunidades no nos eximen ni nos incapacitan para ir a la misión a la que nos envía el propio Jesús. Simplemente formarán parte de nuestra experiencia.