- Santos ESPEUSIPO, ELAUSIPO y MELASIPO, hermanos y mártires; y LEONILA, su abuela, y mártir. En Capadocia. (s. inc.).
- San ANTONIO, abad. En la Tebaida, Egipto. Allí llevó una vida ascética. Trabajó para reforzar la acción de la Iglesia, sostuvo a los confesores de la fe durante la persecución de Diocleciano, apoyó a San Atanasio contra los arrianos y reunió a tantos discípulos que mereció ser considerado padre de los monjes. (356).
- San JULIÁN, asceta. En Osroene, entre Siria y Turquía. Llamado “Anciano”, o “Sabas”. Detestaba el estrépito de la ciudad, pero dejó la soledad de su retiro para enfrentarse a los arrianos en Antioquía. (377).
- San SULPICIO, obispo. En Bourges, Aquitania. Llamado “Pío”. Su mayor preocupación tras pasar del palacio real al episcopado fueron los pobres. (647).
- Beato GAMALBERTO, presbítero. En Baviera. Entregó sus bienes a Utón, de quien había sido padrino en la fuente bautismal, para que construyese el monasterio de Metten. (802).
- Santa ROSALINA, priora. En Frejús, la Provenza, en Francia. Priora de la Cartuja. Se distinguió por su abnegación y su austeridad en la comida, el sueño y el ayuno. (1329).
- San JENARO SÁNCHEZ DELGADILLO, presbítero y mártir. Tocolatlán, México. Martirizado durante la persecución religiosa en México. (1927).
Hoy recordamos especialmente a SAN MARCELO
Fue hermano de san Petronio, su antecesor en la sede de Die, que lo ordenó diácono y lo tuvo como su asistente durante diez años. A la muerte de Petronio, fue elegido Marcelo al estilo como se elegían muchos obispos en aquella época: por aclamación popular; pero cuenta la leyenda que cuando Marcelo oyó que había sido elegido sucesor de Petronio, escapó de la ciudad y se fue a esconder en la hendidura de una roca. El pueblo finalmente lo encontró y lo llevó de nuevo a la ciudad. Aceptó el cargo, y recibió la ordenación episcopal de manos de san Mamerl, obispo de Vienne; pero Leoncio, arzobispo de Arles, vio esta ordenación como una usurpación de sus prerrogativas de arzobispo, y apeló al papa san Hilario. Este ordena que la elección sea confirmada por Leoncio, a cuya sede pertenecía la prerrogativa. Si alguna duda abrigaba Leoncio, los milagros realizados por Marcelo lo convencen de que se trataba realmente de la voluntad de Dios.
Marcelo fue deportado a Arlés por orden del rey Eurico. Pero los sufrimientos no terminaron allí, sino que una vez vuelto a Die fue encarcelado por Gondebando, rey de los Bourginenses, una población infectada de arrianismo. Murió el año 510, luego de un episcopado de unos 40 años
