La devoción a San José comenzó en Oriente en el siglo IV, pero no con el énfasis que se tiene actualmente. En aquellos primeros siglos esta devoción era principalmente dirigida a los mártires, y no se veneraba de manera muy notoria a San José con el objetivo, quizás, de potenciar la paternidad divina de Jesús. Santa Elena, la madre de Constantino, realizó una importante labor para rescatar los santos lugares y en el siglo IV en la basílica que ordenó construir en Belén había un oratorio destinado a San José.
De hecho, Padres de la Iglesia como San Agustín, San Jerónimo o San Juan Crisóstomo, entre otros, no dudaron en hablar y alabar a San José. San Pedro Crisólogo escribió: “José fue un hombre perfecto, que posee todo género de virtudes”.
Mientras tanto, en Occidente hay referencias a San José en el siglo IX, concretamente en martirologios locales. Y en 1129 se conoce en Bolonia la primera iglesia destinada a este santo. En este mismo siglo XII importante santos como San Bernardo, Santo Tomás de Aquino o Santa Brígida de Suecia comenzaron a extender la devoción a San José. En el siglo XV, santos como Vicente Ferrer o Bernardino de Siena siguieron esta tarea.
Fue el Papa de Sixto IV (1471-1484), quien introdujo a San José en el calendario romano en el 19 de marzo. Desde entonces su devoción ha seguido creciendo en popularidad. Destaca especialmente la devoción de Santa Teresa de Jesús, que en su reforma del Carmelo lo estableció como patrono. En 1621 Gregorio XV la elevó a fiesta de obligación. Más adelante Benedicto XIII introdujo a San José en la letanía de los santos en 1726.
La devoción a San José se arraigó entre los obreros durante el siglo XIX. El crecimiento de popularidad movió a Pío IX, el mismo un gran devoto, a extender a la Iglesia universal la fiesta del Patronato (1847) y en diciembre del 1870 lo declaró patrono de la Iglesia universal. San Juan XXIII introdujo su nombre en el canon de la misa; Pío XII lo presentó como ‘Patrono de los trabajadores’ y San Juan Pablo II como ‘Custodio del Redentor’, también muy querido por el pueblo se le conoce como “Patrono de la buena muerte”.
