Épocas, líneas y protagonistas
La Edad Media conoció un gran desarrollo de la caridad cristiana hacia diversos sectores desfavorecidos, a los que se miraba con compasión o, en ocasiones, con desprecio por parte de algunas personas o de la generalidad de la sociedad. Por eso, la atención prestada a ellos por la Iglesia constituyó un testimonio que con frecuencia logró ir haciendo cambiar ciertos prejuicios y actitudes. En este sentido, fueron ejemplares muchos papas, ya desde finales del siglo V y en el VI, como Símaco, Pelagio II y San Gregorio Magno, así como numerosos obispos, quienes además se veían impulsados a la beneficencia por los cánones y disposiciones de muchos concilios.
No hay que olvidar, de otro lado, la ingente actividad caritativa que desplegaron los monjes, de tal manera que sus monasterios se convirtieron en importantes centros donde los desvalidos encontraban alimento, vestido, medicinas, asistencia de diversa índole, educación, etc., principalmente en la Alta y en la Plena Edad Media, cuando el monacato conoció una época de esplendor en Europa.
