NICEA (325 – 2025) – 4

by AdminObra

Constantino sucedía a su padre Constancio Cloro en el año 306. Constancio Cloro había sido el “César” de la parte occidental del Imperio, teniendo como “Augusto” a Maximiano, y a quien fueron encargadas especialmente las provincias de la Galia y la Britania, en las que llevó a cabo un simulacro de persecución tras decretarla Diocleciano (Diocleciano había ideado la partición cuatripartita del Imperio Romano, la llamada Tetrarquía: en occidente, el “Augusto” fue Maximiano, con el “César” Constancio; y en oriente, el “Augusto” fue Diocleciano, con su “César” Galerio). Con todo, se sabe que en la Galia hubo muchos mártires.

Constancio fue haciendo propia la causa de los cristianos, y les iba devolviendo las propiedades requisadas. El cristianismo, más o menos, fue tolerado.

Constantino, su hijo, pues, actuando como “Pontifex” intervendría en las disputas de Ceciliano de Cartago y Donato en 311, que amenazaba en producir un cisma en la Iglesia africana. Convocó a las dos partes a Roma y les obligó a someterse a un juicio eclesiástico, que luego repetirá en Arlés (314). En los dos casos fue condenado el donatismo. Y ante el rechazo por parte de los donatistas, Constantino pronunció una sentencia definitiva en Milán (316) devolviendo la paz al norte de África.

  • El donatismo fue una de las herejías que surge a comienzos del siglo IV, acercándose la libertad para la Iglesia como bien sabemos. El conflicto surge en una división entre el episcopado y el clero, a propósito de una elección episcopal en Cartago. Pero en Numidia se mezclaban también tendencias antirromanas, y Donato transformaría un simple cisma en herejía al proponer una eclesiología puritana en la que sólo había sitio para los “puros”, al derivar hacia el rigorismo moral y a la negativa de readmitir, si no se bautizaban de nuevo, a los que habían cedido ante las presiones imperiales durante las persecuciones, con lo cual aumentaba su error al incluir una equivocada sacramentología.

Este celo de Constantino ante los problemas internos en la Iglesia, que lo lleva a autoconsiderarse “obispo” puesto por Dios ante las cuestiones externas de la Iglesia, le guiarán a ponerse al frente de la reconciliación de dos tendencias que se iban extremando en el oriente imperial, cuyas cabezas visibles, entonces, eran el obispo Alejandro de Alejandría, y el presbítero Arrio.