Si el nombre de Dios es “Amor”, permanecer en su Amor significa permanecer en Dios, y pertenecer a Dios. Jesús quiere que pertenezcamos a Dios por medio de su Persona.
La necesidad de alegría que manifiesta el ser humano es conforme a su naturaleza. Todo el mundo busca la alegría verdadera, que sólo puede ser una. La verdadera alegría es la única alegría.
La alegría, para un cristiano, se logra entrando en la dinámica del amor del Hijo de Dios, que le lleva a entregarse de manera amplia y absoluta por todos nosotros. Su Corazón queda colmado de alegría por ello.
Jesús es la “viña” obediente a la voluntad del Padre. Israel no había sido obediente. La “viña” cambia de “lugar”. Pasa de un territorio físico, y del corazón de los hijos de Israel, al Corazón del Hijo de Dios, a Jesucristo. Permanecer en su amor es permanecer en su obediencia, y la obediencia de Jesús sólo, sólo se entiende desde el amor que encaja en su interioridad.
La obediencia es un Don que hemos de recibir, pero también es una tarea que no se puede rehuir. Toda la vida hemos de vivir en combate para obedecer y obedecer desde el corazón. Así, nuestra alegría será completa, como la que experimentó y mostró Jesús.
