MARTES V PASCUA (en busca del Fuego)

by AdminObra

El Señor nos deja su Paz. Sólo Dios puede dar algo llamado “Paz”. Podríamos decir que el nombre de Dios también es “Paz”. Jesús, dándonos la Paz, nos da a Dios. Y nos da también su obediencia, la que le ha definido durante toda su “carrera” redentora. Y la que le ha otorgado un Corazón pacífico, apacible, paciente.

Acogiendo la Paz de Jesús perderemos la angustia ante su partida, ante su ausencia. Al darnos la Paz, nos da su Vida, y su Amor. El nombre de Dios es “Vida”, y es “Amor”.

Con su Paz afrontaremos la presencia del “Príncipe de este mundo”, que pretende perturbarnos y entristecernos. Parece que este Malvado toma las riendas sobre la vida de Jesús. No es así. Jesús es dueño de su destino, pues está obedeciendo y camina y avanza hacia la Gloria. Pero su Gloria también es vernos acoger y aceptar el Don de la Paz.

Ante las turbaciones inquietantes de este tiempo, y de todo tiempo, el cristiano ha de recordar que el Don de la Paz se nos ha dado de una vez para siempre. Y si lo perdemos, podemos volver a recuperarlo para retenerlo con más atención. Este Príncipe Malvado nos la quiere robar.

Caminemos hacia el gran Don del Espíritu, que verdaderamente nos otorgará la Paz para llevar la vida.

El Señor ha dicho finalmente “Levantaos, vámonos”. Pues eso, sigamos caminando con decisión hacia el encuentro especial con el Divino Espíritu. Mientras, nos basta esta Paz que Jesús ha querido introducirnos.