Hoy, 22 de abril, la Iglesia celebra a:

by AdminObra

 

  1. San SOTERO, papa. En Roma. San Dionisio alaba su caridad para con los hermanos, los peregrinos necesitados, los afligidos por la pobreza y los condenados a trabajos forzados. (175).
  2. San EPIPODIO, mártir. En Lyon. Detenido con su amigo Alejandro, consumó su martirio al ser decapitado después de la muerte de otros cuarenta y ochos mártires. (178).
  3. San LEÓNIDAS, mártir. En Alejandría de Egipto. Bajo el emperador Septimio Severo fue muerto a espada pr su fe. (204).
  4. San MARYAHB, “el Señor actúa”, corepíscopo y mártir. Persia. Sufrió el suplicio bajo la persecución desencadenada por Sapor II. (341).
  5. San AGAPITO I, papa. En Constantinopla. Trabajó enérgicamente para que el obispo de Roma fuese elegido libremente por el clero de la Urbe y para que se respetase la dignidad de la Iglesia. Enviado a Constantinopla por Teodorico, rey de los ostrogodos, allí difundió la fe ortodoxa ante el emperador Justiniano y ordenó a Menas como obispo de aquella ciudad. (536).
  6. San LEÓN, obispo. En Sens. (s. VI).
  7. San TEODORO, obispo y abad. En Galacia. Desde su infancia se distinguió por el amor a la soledad, motivo por el cual abrazó una vida austera, pero obligado a aceptar su ordenación como obispo de Anastasiópolis, insistió ante el patriarca de Constantinopla para ser dispensado de este cargo y poder regresar al eremo. (613).
  8. Santa OPORTUNA, abadesa, en Séez, Neustria. Célebre por su abstinencia y austeridad. (770).
  9. Santa SENORINA, abadesa. Basto, Portugal. Por su intercesión, Dios proveyó de pan a las monjas que pasaban necesidad. (980).
  10. Beato FRANCISCO VENIMBENI, presbítero. En Piceno. Franciscano. Eximio predicador de la Palabra de Dios. (1322).

Hoy recordamos especialmente a SAN SOTERO

 

Pocas noticias tenemos sobre su vida y su pontificado, que trascurrió entre 166 al 175. El Líber Pontificalis y la Historia Eclesiástica de Eusebio, nos ha permitido saber que había nacido en Fondi (La Campania). Su padre, aunque nacido en Nápoles era un oriundo griego y se llamaba Concordio.

El pontificado de Sotero duró 8 años, coincidiendo con el reinado del Emperador Marco Aurelio, sin que podamos decir que fuera tranquilo, pues aunque las persecuciones contra los cristianos no estaban en el momento más álgido, la calma no era total y había que tomar sus precauciones, de hecho en este tiempo tuvieron lugar los martirios entre otros, el de San Justino, los mártires de Lyon y Vienne, el obispo San Potino, los diáconos Santo y Atalo, la esclava Blandina, el niño Póntico y otros más. El mismo Sotero, aunque no llegó a ser mártir estuvo a punto de serlo.

No solamente esto, el papa Sotero tuvo que enfrentarse a enseñanzas desviadas, que surgían por acá y por allá, como por ejemplo el gnosticismo, el marcionismo y sobre todo el montanismo. Montano era un converso, que asistido por dos profetisas llamadas Maximila y Priscila, con notables atribuciones, comienza anunciando el advenimiento de una nueva era en la Iglesia, a la que llamaba “Era del Espíritu”, que suponía el fin del mundo  y por lo tanto había que preparase practicando un ascetismo riguroso y  cuidándose mucho de no cometer pecados, porque algunos de ellos son imperdonables y la iglesia carece de potestad  sobre ellos.  Semejante doctrina era inadmisible para Iglesia, como tampoco lo era la intromisión femenina en los actos litúrgicos, por lo que Sotero sacó un decreto prohibiendo a las mujeres tocar los vasos sagrados y los corporales, no permitiéndoles ni siquiera proporcionar el incienso en la celebración de los actos litúrgicos.

Pero aún con todo y a pesar de las dificultades con la que Sotero tuvo que enfrentarse, hay fundadas razones  para suponer que en el pontificado del papa Sotero, la Iglesia gozó de un gran momento,  ya que según consta, él mismo presidio un acto en el que fueron ordenados un número considerable de diáconos y sacerdotes, incluso 11 obispos fueron destinados a diversos territorios, sin duda porque el cristianismo estaba  en fase creciente.

Además del tesón y celo eclesiástico demostrado por el papa Sotero, hay que hacer mención de su espíritu de caridad para con los pobres, como lo pone de manifiesto un fragmento de una carta  del obispo Dionisio, recogida por Eusebio en su historia y que dice así: “Desde los principios de la religión vosotros introdujisteis la costumbre de llenar de varios beneficios a vuestros hermanos y de enviar los necesarios socorros y medios de vida a muchas iglesias establecidas en cada ciudad. Así vosotros remediáis la pobreza de los necesitados y suministráis lo necesario a los hermanos que trabajan en las minas, conservando, como buenos romanos, las costumbres romanas de vuestros mayores. Y vuestro obispo Sotero no sólo conservó esta costumbre, sino que aún la mejoró, suministrando abundantes limosnas, así como consolando a los infelices hermanos con santas palabras y tratándolos como un padre trata a sus hijos.”

Las circunstancias de la muerte de Sotero son desconocidas. El martirologio romano no nos aclara nada sobre cómo se produjo. Lo único que sabemos es que ésta debió acaecer un 22 de abril del año 175.