SAN JOSÉ, LUZ PARA LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

by AdminObra

José es el maestro de toda la vida cotidiana de la sociedad actual, injertando la acción en la contemplación. Sin embargo, hasta ahora nadie había tratado sus santas cualidades desde el punto de vista de la Doctrina Social de la Iglesia. El último Boletín del Observatorio Cardenal Van Thuân, titulado “San José: paternidad, castidad, trabajo”, llena esta laguna.

Iglesia 19_09_2021

El Año de San José, que concluirá el próximo 8 de diciembre, está llegando a su fin, y finalmente se ha llenado un vacío en las celebraciones devocionales del Esposo de la Bienaventurada Virgen María, Padre putativo de Jesús, protector de la Iglesia universal y patrono de los trabajadores desde 1955. Nadie había examinado aún sus santas cualidades desde el punto de vista de la Doctrina Social de la Iglesia. Es lo que ha reflexionado ahora el “Boletín de la Doctrina Social de la Iglesia” del Observatorio Cardenal Van Thuân, dedicando el folleto que se está distribuyendo actualmente a “San José: paternidad, castidad, trabajo”

Estos tres términos – paternidad, castidad, trabajo – indican las tres grandes enseñanzas de la vida cristiana inspiradas en la Familia de Nazaret y también algunos grandes sectores de la vida social y política queridos por la Doctrina Social de la Iglesia como la autoridad, el matrimonio, la familia, la procreación, la educación, el trabajo. Inspirado en la santa vida cotidiana junto a Jesús y María, José es el maestro de toda la vida cotidiana de la sociedad actual, injertando la acción en la contemplación.

En el número del “Bollettino” la paternidad de San José es discutida por el Prof. José Noriega, ex profesor de Juan Pablo II y editor del “Diccionario sobre sexo, amor y fertilidad” (Cantagalli 2019) – publicado justo antes de que el Instituto fuera revolucionado por Francisco y Mons. Paglia – y Roberto Marchesini, conocido psicoterapeuta y apreciado ensayista. Se dice que nuestras sociedades son “huérfanas de padre”: los dos autores, por el contrario, muestran la extrema necesidad del retorno de la “paternidad” como fundamento del sentido y del origen: “Queremos que vuelva el padre que da un nombre, el que es la memoria de la bondad del origen, el que reconcilia el deseo y la ley, el origen y el destino” (Noriega).

La castidad de San José es analizada por el profesor Stephan Kampowski, del Instituto Juan Pablo II de Ciencias del Matrimonio y de la Familia. Desarrolla la intuición de Juan Pablo II según la cual la mentalidad contraceptiva, es decir una visión distorsionada de la castidad conyugal, contiene ya en sí la mentalidad que lleva a la admisión del aborto. El uso correcto de la sexualidad se sitúa así en la base no sólo de la vida familiar, sino también de la vida social y política.

Don Lillo D’Ugo y Ermes Dovico cuidan a San José Obrero. El primero traza las principales características del trabajo en la Doctrina Social de la Iglesia, desde sus orígenes hasta Juan Pablo II, que lo trata de modo particularmente profundo. El autor ilustra las principales características que debe tener el trabajo según la Doctrina Social y, sobre todo, muestra cómo en San José el trabajo estaba centrado en Dios como colaboración en su obra creadora. La segunda destaca la relación entre acción y contemplación en el trabajo, porque san José puso en práctica eminentemente el principio ora et labora.

De notable interés es el artículo de Federico Catani dedicado a la “nobleza” de San José, que era descendiente de David y por tanto “de linaje real”. En la inteligente interpretación de Catani, este “noble” linaje de San José nos confirma que las ideas igualitarias y falsamente democráticas no pertenecen a la Doctrina Social de la Iglesia. Incluso en la sociedad actual debería existir una élite —un papel que la nobleza cristiana desempeñó en sociedades pasadas— porque «siempre se necesitará una clase dirigente, una élite (en el mejor sentido del término) que lidere al resto de la sociedad. Sin embargo, las élites deben estar arraigadas en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia; de lo contrario, tendremos nomenclaturas indiferentes o, peor aún, hostiles al catolicismo, como vemos hoy. La aristocracia y las élites deberían ser las guardianas de la Tradición y desempeñar un papel rector, impulsando a toda la sociedad hacia arriba».

Monseñor Giampaolo Crepaldi dedica un amplio editorial en el “Bollettino” a San José y a la Doctrina Social de la Iglesia, mientras que Stefano Fontana trata de la Sagrada Familia en el pensamiento de Karl Marx. Según Marx, la Sagrada Familia no es otra cosa que la proyección de la familia en sus condiciones materiales económicas y sociales. Así pues, dice Marx, si se quiere destruir la Sagrada Familia, hay que atacar a la familia material e histórica, de la que ella es expresión. Vemos aquí no sólo el odio del comunismo hacia la familia, sino sobre todo que su objetivo final es la destrucción de la Sagrada Familia. La intención final es, por tanto, atea.

La Doctrina Social de la Iglesia, lamentablemente, no está en buena forma hoy en día. Su mensaje se va degradando cada vez más y se reduce a una ética humanista basada en el diálogo social. Remitir temas sociales a la historia de la salvación, centrándolos en la casa y la tienda de Nazaret, pretende más bien elevar el nivel de la propuesta de la Doctrina Social de la Iglesia y recuperarla en su pleno significado como instrumento de evangelización.

(Stefano Fontana)