MARTES II CUARESMA

by AdminObra

Creo que, en este día de Cuaresma, y al hilo de la Palabra de Dios que se proclama en las lecturas de la Misa de este día, se nos puede proponer la importante cuestión de la formación de la conciencia. Sí, formar nuestra conciencia, y dejar que los que tengan autoridad y experiencia y santidad de vida suficiente nos formen esa parte intimísima de nuestra interioridad humana. Aunque la labor personal es insustituible siempre.

Ya lo dice el Catecismo “hay que formar la conciencia”, y es indispensable, porque estamos sometidos a influencias negativas y tentados por el pecado de preferir nuestros propios juicios y de rechazar las enseñanzas autorizadas.

Educar la conciencia es una tarea de toda la vida, y empieza ya desde niños. Nunca termina. Una buena educación en este sentido nos enseña la virtud y a valorarla; preserva del miedo, del egoísmo, del orgullo, de los insanos sentimientos de culpabilidad, y de los movimientos de complacencia, nacidos de la debilidad y de las faltas humanas. La educación de la conciencia, pues, garantiza la libertad y engendra la paz del corazón.

En la formación de la conciencia, la Palabra de Dios, dice el Catecismo, es la luz de nuestro caminar, y hay que asimilarla en la fe y la oración, y ponerla en práctica. También examinamos y educamos la conciencia ante la Cruz del Señor.

Ayuda inestimable es la asistencia del Espíritu Santo, y la ayuda del testimonio y del consejo de los que tengan, como ya hemos dicho, pericia, experiencia, virtud.

En este tiempo, examinémonos todos los días en conciencia; adquiramos este hábito ya para siempre; y dejemos que la Palabra de Dios, la Santa Cruz, las enseñanzas de la Iglesia, el testimonio de los santos, y de tantas personas magníficas que han formado parte de nuestra educación contribuyan a hacer de nosotros cristianos sólidos y con criterio.