- SANTOS MÁRTIRES SOLDADOS. En Capadocia. En tiempo de Licinio se mostraron compañeros, no por razón de sangre sino por la fe común y la obediencia a la voluntad de Dios. Tras cárceles y crueles tormentos, como el de tener que pernoctar desnudos al aire libre sobre un estanque helado en el más frío invierno, consumaron su martirio con el quebrantamiento de piernas. (320).
- San PACIANO, obispo. En Barcelona. Al exponer su fe decía que “cristiano” era su nombre, y “católico” su apellido. (390).
- San VITAL, monje. en Lucania, Italia. (993).
- San BRUNO, obispo y mártir. En Moravia. Acompañando a Italia al emperador Otón III, movido por la autoridad de San Romualdo abrazó la disciplina monástica y recibió el nombre de Bonifacio. Vuelto a Moravia y nombrado obispo por el Papa Juan X, durante una expedición apostólica fue despedazado, junto con 18 compañeros por unos idólatras. (1009).
- Santa CATALINA, virgen. En Bolonia. Clarisa. Notable por sus dotes naturales fue aún más ilustre por sus virtudes místicas, así como por la vida de penitencia y humildad. (1463).
- Santa FRANCISCA ROMAÑA, religiosa. En Roma. Casada adolescente, vivió cuarenta años en matrimonio y fue excelente esposa y madre de familia, admirable por su piedad, humildad y paciencia. En tiempos calamitosos distribuyó sus bienes entre los pobres, asistió a los atribulados y, al quedar viuda, se retiró a vivir entre las oblatas que ella había reunido bajo la Regla de San Benito. (1440).
- Santos PEDRO CHOE HYONG y JUAN BAUTISTA CHON CHANG-UN, mártires. En Nei-Ko-Ri, Corea. Siendo padres de familia, se distinguieron por administrar el bautismo y publicar escritos cristianos, razón por la cual fueron entregados al suplicio, en el transcurso del cual se mantuvieron tan constantes en la fe que suscitaron la admiración de sus mismos perseguidores. (1866).
Hoy recordamos especialmente a SAN PACIANO
Vino al mundo en el siglo IV. Antes de que lo nombraran obispo de Barcelona, en el año 365, había estado casado.
Su hijo Dexter era el Ministro de Asuntos Exteriores del emperador Teodosio y gobernador en tiempos de Honorio.
Era una persona muy inteligente. Por este motivo se entregó, entre otras cosas, a escribir muchos libros, que tenían como eje central de sus narraciones, la disciplina de la Iglesia.
Es una pena que se haya perdido casi todo este rico material. El propio san Jerónimo escribía las dedicatorias de los libros de la gente ilustre. Pues bien, de Paciano dijo que leyendo sus libros se aprendía la elocuencia , la delicadeza de su lenguaje, reflejo de su castidad y pureza, su santidad de vida y su profundo estudio meditativo de la Sagrada Escritura.
Su único libro, “Exhortación a la penitencia” es todo un clásico en esta materia y una guía práctica para alcanzar la santidad.
