LA INSCRIPCIÓN DEL NOMBRE: ORDEN DE LOS “ELEGIDOS”

by AdminObra

Hoy, domingo I de Cuaresma, una feligresa de esta Parroquia comenzará el Segundo Grado o Etapa, dentro del Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, conocido por el nombre de “Rito de la elección o inscripción del nombre”.

Este rito suele tener lugar al comienzo de la Cuaresma, como preparación próxima a recibir los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía.

Con este rito culmina el Primer Grado que contiene, asimismo, dos “tiempos” de formación, la “evangelización” o “precatecumenado”, y el “catecumenado”, que hoy finaliza.

Hasta este momento, los catecúmenos son introducidos en los misterios de la fe, en ciertas prácticas de vida cristiana, en la asunción de los preceptos morales, y en la iniciación de los ritos litúrgicos, así como en una vida de oración y conocimiento básico de las Sagradas Escrituras que faciliten una experiencia de Dios que los llama para ser conocido, amado, adorado, escuchado, servido.

Con este Segundo Grado, por medio del mencionado “Rito de la elección o inscripción del nombre”, comienza el tiempo de “Purificación e Iluminación” que consistirá, dentro de este tiempo de Cuaresma, en una preparación intensiva del espíritu y del corazón, una vez que la Iglesia constata que ha habido una conversión de la mente y de las costumbres.

Este tiempo también se caracteriza por los “escrutinios”, instantes fuertes en los que se busca la liberación plena del pecado y del diablo, y fortalecer el seguimiento de Cristo; y por las “entregas”, por la cuales la Iglesia entrega a los elegidos los documentos antiquísimos de la fe y la oración, esto es, el Símbolo (Credo) y la Oración Dominical (Padre nuestro).

¿En qué consiste el rito de la “Elección”?

Fundamentalmente, en que la Iglesia se hace eco de la vocación o llamada que Dios hace de los “llamados” mediante una selección pública, cuando los considera idóneos, para acercarse a los sacramentos de la iniciación cristiana.

Se llama “elección” porque la admisión o selección, hecha por la Iglesia, se funda en la elección de Dios, en cuyo nombre actúa la Iglesia; y se usa también la denominación de “inscripción” porque los catecúmenos se comprometen con fidelidad a seguir con gratitud la llamada divina inscribiendo su nombre como gesto de compromiso.

Desde ese momento pasarán de ser catecúmenos a ser considerados “elegidos”.

Ya antes, pero especialmente a partir de este paso, tanto el obispo, como los presbíteros implicados, catequistas y formadores, y toda la comunidad cristiana, se tienen que sentir especialmente vinculados con sus oraciones y súplicas en favor de esta catecúmena de nuestra Parroquia, que se dispone a dar un paso tan esencial en su vida con el fin de fortalecer su decisión de seguir a Dios con todo su ánimo y para que venza las asechanzas del diablo que buscará amedrentarla con sus ardides.