ALGO SOBRE LA ÚLTIMA PERSECUCIÓN DEL IMPERIO ROMANO CONTRA EL CRISTIANISMO – y 4

by AdminObra

La ejecución de los edictos asumió formas diversas en el Imperio.

En Occidente, bajo el “Augusto” Maximiano y el “César” Constancio Cloro, no fue particularmente grave y, ya en 305, la persecución había terminado en gran parte, una vez que los dos “Augustos” de la Tetrarquía, Maximiano y Diocleciano, fueron destituidos. Las Galias y Britania, bajo el gobierno de Constancio Cloro apenas notaron la hostilidad anticristiana, pues éste tenía ciertas simpatías por la fe y se limitó a derruir algunos pequeños templos.

En Oriente, por el contrario, la persecución llegó, entre los años 305 y 311, a su punto culminante bajo Galerio, “César”, convertido ya en “Augusto” con su “César” Maximino Daza. No sólo el número de mártires fue muy elevado, sino que también las atrocidades cometidas en la ejecución de las condenas fueron particularmente brutales e inhumanas. Pero al final, Galerio se vio obligado a reconocer la inutilidad de la persecución, y, aquejado de una grave enfermedad, suspendió las persecuciones.

En definitiva, el ardor persecutorio fue muy intenso en tres de las cuatro partes del Imperio, siendo especialmente vesánico en la parte oriental.

En términos generales, la persecución decretada por Diocleciano constituyó un rotundo fracaso.

Hubo un cierto número de “lapsi”, esto es, cristianos que cedieron a las amenazas, pero en mucha menor proporción que en la persecución de Decio.

Fueron, en cambio, muy numerosos los mártires y confesores. Entre aquéllos se cuentan nombres famosos como los de Santa Inés, los santos médicos Cosme y Damián, San Sebastián, etc.

España fue quizá la región del Occidente donde hubo mayor número de mártires, que fueron cantados por el poeta Aurelio Prudencio. Destacaron el diácono San Vicente y los 18 mártires de Zaragoza, y Santa Eulalia de Mérida.

La Iglesia salió fortalecida de la persecución, aunque se prolongase en la parte Oriental durante varios años más. Era la última prueba de la Iglesia, en su lucha espiritual e intelectual sostenida con la Roma pagana, y a las puertas estaba ya la definitiva libertad del cristianismo.

En abril de 311, desde su residencia de Sárdica, Galerio publicó el famoso edicto de tolerancia, que concedía finalmente al cristianismo el derecho a existir. Aún se empeñó un poco más Maximino Daza, pero su actividad se vio suspendida por los acontecimientos políticos del periodo siguiente, que, con la victoria de Constantino, aportaron también la victoria del cristianismo en el Imperio.