‘TEOLOGÍA DEL SEGUNDO EVANGELIO’
Todo el hablar y el actuar de los ocho primeros capítulos desembocan en la confesión petrina.
Desde esta perspectiva hay que entender las órdenes de guardar silencio, el “secreto mesiánico”.
Eso no significa que Jesús no supiese que era el Mesías. ¡No!
Significan el deseo mismo de Jesús de que ese mesianismo no fuera incorrectamente interpretado.
Tras la confesión de San Pedro en Cesarea, el primer anuncio de la Pasión (8, 31) provoca en el apóstol una reacción de rechazo ante esa perspectiva que desencadena una crisis, manifestando así una incomprensión inadecuada del mesianismo. Todavía.
Porque su mesianismo, en contra de lo esperado y deseado por los discípulos (la gente no convivía con El), pasa por el sufrimiento del Hijo del Hombre, según el modelo del Siervo del Señor del libro del profeta Isaías.
Curioso, los anuncios progresivos de la Pasión provocarán incertidumbre acusada en aquello que sí descubrieron que era el Mesías de Dios. Irán perdiendo la confianza en el Señor.
