Un aspecto fundamental de la religiosidad popular es la veneración de las reliquias de los santos que fueron un elemento motor muy importante de movimientos de peregrinación.
Las reliquias fundamentan en todos los fieles una de las más firmes creencias de todas las épocas.
Expresión de FAVOR DIVINO que los santos gozaron ya en vida, sus restos corporales y objetos de uso cotidiano tiene para cualquier bautizado una “virtus” de carácter milagroso incontestable.
Dentro de las reliquias existen categorías.
En primer lugar, las reliquias más apreciadas son las que se relacionan con Cristo, destacando las de la VERA CRUZ –LIGNUM CRUCIS-, al que igual que el Sudario y Clavos de la Pasión.
De las reliquias de los santos destaca en primer lugar el cuerpo –o partes notables del mismo-.
También se veneran objetos que pertenecieron a los santos:
- Utensilios
- Vestidos
- Manuscritos
- Objetos que han estado en contacto con sus cuerpos o en el sepulcro, como:
- Estampas
- Telas de lino
- Imágenes veneradas
Así pues, las reliquias pueden ser de TRES categorías:
- PRIMER GRADO: tomadas del cuerpo del bienaventurado. Que se subdividen en:
- INSIGNES: el cuerpo entero o una parte completa de él: cráneo, mano, pierna, brazo, algún órgano (corazón…).
- NOTABLES: partes importantes del cuerpo, pero sin constituir un miembro entero: cabeza del fémur, vértebra, …
- MÍNIMAS: huesecillos, astillas de hueso.
- SEGUNDO GRADO: objetos relacionados con los instrumentos de su martirio o que pertenecieron y fueron usado por el bienaventurado en vida.
- TERCER GRADO: cualquier objeto tocado a una reliquia de PRIMER GRaDO o a la TUMBA del bienaventurado.
Las diversas formas de devoción popular a las reliquias de los santos, como el beso de las reliquias, adorno con luces y flores, bendición impartida con las mismas, sacarlas en procesión, se deben realizar con gran dignidad y por un auténtico impulso de fe.
En definitiva, los cristianos precisamos de signos concretos para expresar nuestra fe, y mediante esta veneración de las reliquias, bien de Cristo, bien de los santos, nos AFIRMAMOS también en nuestra creencia en la resurrección de la carne.
Para lo que nos interesa en nuestro caso, hacia el siglo IX se generalizaron los relicarios que contenían fragmentos de la Cruz. Estos por lo general tenían forma de cruz y eran denominados “estaurotecas”, que generalmente tienen forma de cruz.
