Las “Passio” que veíamos ayer, nos van narrando cómo después de un último “ágape” fraterno, en medio de la dureza de las mazmorras romanas, exhortan a la plebe que contempla su martirio desde las gradas antes de entregar la vida en la arena.
Así, van sufriendo el martirio, en primer lugar, los siervos de Perpetua; seguidamente, el catequista Saturo; y, por último, la noble y su criada Felicidad.
Todas las “Passio” nos narran sucesos parecidos. Pero en el caso que nos atañe, se añaden unas reflexiones muy importantes que nos ayudan a entender y valorar mejor este escrito, más allá de considerarlo una crónica de sucesos.
En primer lugar, el autor nos dice que lo ha escrito para conservar el ejemplo de los mártires para el futuro, pues es un ejemplo de la acción del Espíritu Santo que edifica la Iglesia por medio de estos triunfos de la Gracia.
En segundo lugar, sitúa el martirio como plenitud del Bautismo, esto es, mucho más allá de una decisión judicial.
Por eso, la motivación del autor de la “Passio”, y de todas las “Passio” sea animar el culto a los mártires, subiendo que ellos interceden por los bautizados.
Muchos se convirtieron, por ejemplo, público que acudía a “disfrutar” del martirio.
A partir de mañana veremos a los CRISTIANOS EN EGIPTO.
