Última antífona de las ferias privilegiadas de Adviento.
La que reclama la venida del Dios-con-nosotros, el “Emmanuel”. Tal como vimos ayer, verdadero Rey, y Legislador; Legislador no sólo en el Sinaí, sino también en los días de su vida pública, cuando nos enseñó que no venía a abrogar ni una coma de la Ley, más al contrario, darle cumplimiento y plenitud.
Como la mayoría de las pasadas antífonas, inspirada en Isaías, en el capítulo dedicado precisamente al Emmanuel.
El Emmanuel es el signo anunciado desde antiguo por parte de Isaías para transmitir esperanza escatológica y mesiánica a todo un Pueblo. Estas palabras isaianas las ha tenido presente San Mateo en el “Sueño de José”. Era la confirmación del anuncio dado a Ajaz.
Efectivamente, la Virgen dio a luz un hijo y le puso el nombre de lo que supuso su presencia en carne mortal, “Dios-con-nosotros”. Y entre nosotros. Por eso damos a gracias por semejante paso, por semejante y verdadera Pascua.
Este “Maravilla de Consejero” ha venido, entonces, como centro de la vida de toda la Iglesia, y jefe supremo de las conciencias: Juez, Jefe, Rey. Liberador de Satanás.
Nunca Isaías, a pesar de la riqueza de su lenguaje, podría imaginar que todo lo que anunció se cumpliría y se superaría con creces en la Persona Divino-Humana de Jesús, nacido en Belén de Judá.
