Ésta es la palabra de los días de Pascua y de año nuevo.
A juzgar por lo que se repite esa palabra y se desea lo que en ella se contiene, el mundo debiera nada en bienandanza, no digo el año presente, sino muchos más…
Y la cosa es que, a pesar de tanto gusto y felicidad, los desterrados hijos de Eva siguen gimiendo en este valle de lágrimas y la tan cacareada felicidad no aparece por parte alguna.
¿Por qué?
¡Qué respuestas tan variadas y opuestas! Que si el gobierno, que si el capitalismo, que si el obrerismo, que si el clericalismo, que si el militarismo, que si la enfermedad de la peseta, que si la mala suerte…
Y pregunto a un niño:
- ¿Para qué fue el hombre criado?
Y me responde:
- Para servir a Dios y gozarle.
Y pregunto después a la masa de desterrados hijos de Eva:
- ¿Servís a Dios cumpliendo sus mandamientos?
Y me responden que no, los templos vacíos; los Sagrarios abandonados, las tabernas enloquecedoras, y los cines inmorales, y los teatros disolventes, y los centros de ofensa permanente a Dios, repletos de hombres, de mujeres y de niños…
Y termino: ¿No se sirve a Dios? pues que no se espere gozo de Dios. Los hombres no son felices, porque están “desafinados”.
Fuera de su “fin”.
