Buscar con decisión. Saber a dónde dirigirse. Tener seguridad y confianza. Cimentarse en la humildad. Saberse queridos y amados y llamados. He aquí actitudes que el “mundo” no resiste.
En este tiempo de Dios que es la Pascua, queremos dar un “paso” decidido hacia Jesucristo sabiendo que es El, glorioso y triunfador, el que quiere morar en-nosotros gracias al envío del Espíritu Santo. Se aúnan como dos “pascuas”, por expresarlo de algún modo, la que damos nosotros, cristianos redimidos, y la que da el Espíritu Santo trayéndonos la Vida de Cristo.
Por eso, el Señor nos anticipa con sano realismo que el “mundo” se opone a los que anhelan la Verdad, y se opone a los proclaman haber sido y ser testigos de la Verdad. La Verdad es un Don. Se acoge, pero nos aprisiona. Se acoge, y se agradece, y se testimonia.
El trato dispensado a Jesús nos espera a todos. No somos más que Él para vernos libres de ciertos acechos, y para vernos libres de acusaciones sin fundamento. Todos seremos perseguidos y vilipendiados.
¡Cuántas veces recordamos que hemos de elegir entre ser fieles o ser “tribu”!
Cierto que muchos nos tratarán como a extraños, pero porque no conocieron a Jesús ni al que lo envió. Pero no lo conocieron, porque no amaron a Dios.
Sigamos nuestro camino de amor a Dios con seguridad y humildad, en medio de un mundo que nos considera extraños y a cuyo juicio vamos a ser sometidos constantemente. El amor que nos tiene Jesús tiene que ayudarnos a superar la tensión que provoca el sabernos odiados por la oscuridad que anida en tantos corazones.
