¿QUÉ PODEMOS CAMBIAR EN NOSOTROS DURANTE EL ADVIENTO? La ira – 1

by AdminObra

Sólo es justa esta pasión contra algo implacable y turbulento.

La ira es como una locura transitoria, incapaz de dominarse a sí misma. Está ávida de enfrentamiento. Se expone a toda clase de peligros con tal de hacer daño a otro.

A mayores, el airado olvida todo decoro. Ninguna pasión turba más el aspecto de una persona: el rostro se desfigura, el ceño se frunce, la cabeza tiembla, los pies vacilan, todo se agita nervioso.

El aspecto exterior del iracundo se identifica con el de alguien deshonroso, amenazador, convulso, cruel, degenerado, rabioso.

Muchos vicios se pueden esconder, o alimentar en secreto. La ira, en cambio, sale afuera para devorarlo todo. Alguien dominado por la ira no tiene medida ni se domina.

Los demás vicios se mantienen dentro de ciertos límites. La ira se lanza contra el mismísimo Cielo. Salta por encima de cualquier límite.

De aquí nacen las blasfemias, las quejas contra Dios, y otras controversias.

Nos encolerizamos contra los que nos parece nos dañaron; nos enfurecemos pensando en una ofensa futura, lo cual casi nunca se produce, en cualquier caso, el que ha ofendido es el que se ha adelantado en ese pensamiento.