PREPARANDO LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

by AdminObra

Antes de proseguir con el segundo acontecimiento que se celebra en este día tan santo en honor de Nuestro Señor, muy especialmente, y también en honor a Nuestra Señora, pero más en un segundo plano, hemos de pararnos un poco más en la base levítica (Lv 12, 1-4) que veíamos ayer a la hora de justificar la purificación de la Virgen María.

Según la prescripción impuesta en este pasaje, la mujer que daba a luz un varón debía quedar impura siete días; al octavo día era circuncidado el hijo, y después estarías aislada como impura durante treinta y tres días. En total, cuarenta días.

Si daba a luz una niña, sería impura dos semanas, y después quedará en casa sesenta y seis días, el doble que en el caso del varón.

¿La explicación de esta distinción? Quizá una acomodación judía a las costumbres ancestrales conforme a determinadas ideas. O influencias de otras culturas.

Terminado el tiempo de la total purificación (cuarenta días en caso de parir varón, y ochenta días en caso de mujer), la mujer debía presentarse al sacerdote ante la tienda de la reunión para ofrecer un “holocausto” y un sacrificio “por el pecado”, el primero en reconocimiento y homenaje a Dios, y el segundo como “expiación” personal y para purificarse de la impureza legal que había contraído.

Las víctimas eran un cordero de un año en holocausto y un pichón o tórtola en sacrificio de expiación por el pecado. En caso de que la oferente fuera pobre, el cordero era sustituido por una tórtola o pichón. Se tenían en cuenta, entonces, los casos de indigencia, así se recogía en Lev 5, 7-13.