La Inmaculada Concepción es la patrona de España desde el año 1760, cuando el papa Clemente XIII proclamó este título en respuesta a la petición de las Cortes de Castilla y de los reyes Carlos III y Fernando VI. Sin embargo, la devoción a la Inmaculada en España se remonta a siglos anteriores, cuando muchos teólogos, religiosos y fieles defendieron y difundieron la creencia de que María había sido concebida sin pecado original.
Uno de los hechos históricos que más influyó en la consolidación de la Inmaculada como patrona de España fue la batalla de Empel, ocurrida en 1585 en los Países Bajos. En esa ocasión, las tropas españolas, que estaban en inferioridad numérica y sitiadas por los holandeses, encontraron una imagen de la Virgen en una cesta abandonada en el campo. La colocaron en un altar improvisado y se encomendaron a ella con fervor. Esa noche, el río Mosa se congeló y permitió a los españoles atacar por sorpresa a los holandeses, que huyeron despavoridos. Los soldados atribuyeron la victoria a la intercesión de la Inmaculada y la proclamaron su patrona.
Desde entonces, la Inmaculada fue venerada como la protectora de los ejércitos españoles y de la nación. Muchas ciudades, regiones, instituciones y órdenes religiosas la adoptaron como su patrona y le dedicaron templos, fiestas, cofradías y obras de arte. La Inmaculada también fue la inspiración de muchos santos y místicos españoles, como san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, san Francisco de Borja, san Juan de Ávila, san Pedro de Alcántara, san José de Calasanz, san Fernando III, santa Isabel de Portugal, santa Beatriz de Silva y muchos otros.
El 8 de diciembre es el día en que la Iglesia celebra la solemnidad de la Inmaculada Concepción, es decir, la fiesta más importante dedicada a este misterio mariano. La fecha se eligió porque coincide con el aniversario de la proclamación del dogma por el papa Pío IX en 1854. Además, el 8 de diciembre es el día en que, según la tradición, se celebra la concepción de María en el seno de su madre, santa Ana, nueve meses antes de su nacimiento, el 8 de septiembre.
El 8 de diciembre es un día festivo en muchos países católicos, entre ellos España, donde es una fiesta nacional desde el año 1644, cuando el rey Felipe IV lo decretó en agradecimiento a la Virgen por el fin de la peste que asoló Madrid.
