MIÉRCOLES V CUARESMA

by AdminObra

¿Qué es la libertad? Para esto murió Cristo, para ser libres, como decía San Pablo a los Gálatas.

Dice el Catecismo que “por su Cruz gloriosa, Cristo obtuvo la salvación para todos los hombres. Los rescató del pecado que los tenía sometidos a esclavitud”.

Pero la libertad del hombre es finita y falible. No es infinita, es decir, no somos capaces de mantenernos en este don si no está asistido por algo que venga de lo Alto, la Gracia. Falible, porque fallamos constantemente dejándonos atar y esclavizar por las pasiones.

Libremente pecamos, por eso somos responsables, por eso somos merecedores de castigo. Toda la historia humana es una historia del mal uso de la libertad.

El Catecismo nos enseña que la libertad es “el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, de ejecutar así por sí mismo acciones deliberadas. Por el libre arbitrio cada uno dispone de sí mismo”. Así, pues, la libertad debería ordenarnos a Dios, nuestra felicidad, para la que fuimos creados.

Implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, y, por tanto, de crecer en perfección o de flaquear y pecar. Cuanto más bien hagamos, más libres somos y seremos.

En esta Cuaresma, y en este día, hagámonos cargo que Cristo fue a la Cruz, como Moisés se puso al frente de un pueblo esclavo, para liberarnos de la peor tiranía y desgracia que existe, que es el pecado y el Padre de la mentira, el Diablo.

Cristo fue a la Cruz para que seamos libres, felices, santos.