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El Bautismo nos da la “gracia santificante”, la “gracia de la justificación”, que nos hace gratos a Dios. Estos inmensísimos dones:
- Nos hacen capaces de creer en Dios, de esperar en El y de amarlo mediante las virtudes teologales: fe, esperanza, caridad;
- Nos conceden poder vivir y obrar bajo la moción los dones del Espíritu Santo;
- Y nos permite crecer en el bien mediante las virtudes morales: templanza, fortaleza, justicia, prudencia.
Así todo el “organismo de la vida sobrenatural”, dice el Catecismo, tiene su raíz en el santo Bautismo.
En Cuaresma, consideremos cuánto nos otorga el Bautismo (insistimos en ello), y cuánto se pierde por el pecado. Se apaga la fe, se enfría la caridad, se desespera; nos movemos a impulsos desordenados; no vivimos para el bien. Dejemos que Dios regenere todo nuestro mundo interior con la tensión de la misma vida amorosa que invade a todo un Dios.