Antiguamente, el “ayuno” de cuarenta días se realizaba desde la sexta semana antes de Pascua.
Estando de por medio seis días dominicales en los cuales no se ayunaba y queriendo completar el número simbólico de los 40 días, se prolongó, anticipando el comienzo al miércoles anterior a la sexta semana antes de Pascua, para completar los 40 días.
Actualmente es éste el cómputo matemático que hace de nuestra Cuaresma un periodo de 44 días, incluidos el Miércoles de Ceniza y el Jueves Santo, de los cuales 40 de ayuno, excluyendo precisamente los seis domingos –cinco de Cuaresma y uno en la “Pasión del Señor o Domingo de Ramos”- y añadiendo los ayunos de Viernes y Sábado Santos, que pertenecen al Triduo Pascual (posteriormente se añadirían otros domingos de preparación: Quincuagésima, Sexagésima, Septuagésima, que ya no existen).
Para establecer la cronología y el contenido de la Cuaresma, ha tenido gran importancia el recuerdo de los 40 días de ayuno del Señor en el desierto con su simbolismo.
Este número encuentra un parecido simbólico en otras expresiones de la vida de Israel en el AT:
- Los 40 días del Diluvio
- Los 40 días y noches de Moisés en el Sinaí
- Los 40 días de Elías caminando al Horeb
- Los 40 años de travesía por el Desierto
- Los 40 días de predicación Jonás en Nínive.
