Los buenos sacerdotes están profundamente desprendidos de las cosas de este mundo, para poder así llenarse de Nuestro Señor Jesucristo y recibir el Espíritu Santo. La virtud del Altísimo vendrá sobre ti, le dijo el ángel a la Virgen. Lo mismo, el obispo imploró sobre los ordenandos todos los dones del Espíritu Santo.
María tiene aún otra afinidad con el sacerdote, pues ella preparó a la Víctima que debía ser clavada en la Cruz. Ella la preparó durante toda su vida. La alimentó, la educó y la siguió.
Podemos casi decir que Ella la condujo hasta el altar de la Cruz.
Por lo tanto, el sacerdote tiene que pedir a la Santísima Virgen que ponga en él las disposiciones que Ella tenía cuando ofreció la Víctima.
El papel del sacerdote es precisamente el de dar a Jesús al mundo, igual que la Virgen lo dio para la redención de los pecados del mundo. Tales son las afinidades que el sacerdote tiene con la Virgen.