- San FÉLIX I, papa. (274).
- San HERMERTES, exorcista y mártir. En Mesia inferior, actual Bulgaria. (ss. III/IV).
- San ANISIO, obispo. En Tesalónica. Vivió en tiempos del emperador Teodosio. Los papas lo nombraron vicario apostólico en Eslavonia. (406).
- San PERPETUO, obispo. En Tours. Edificó la basílica de San Martín y muchas otras en honor de los santos, y reguló la vida práctica con ayunos y vigilias. (491).
- San GEREMARO, abad. En Beauvais, Francia. (658).
- San EGVINO, obispo. En Worcester, Inglaterra. Fundó el monasterio local. (707).
- San RAINERIO, obispo. En los Abruzos italianos. Cuya habilidad en administrar los bienes alabó el papa Alejandro II. (1077).
- San ROGERIO, obispo. En Apulia, Italia. (s. XII).
- San LORENZO, monje. En Sicilia. Según la disciplina de los Padres Orientales vivió el monacato. Insigne por la austeridad de vida y por su constante predicación. (1162).
- Beata MARGARITA COLONNA, virgen. En el Lacio. Prefirió la pobreza a la riquezas y placeres. Profesó la Regla de Santa Clara. (1280).
- Beata EUGENIA RAVASCO, virgen. Génova. Fundó el Instituto de Hermanas Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María, a las que encomendó la educación de niñas y el cuidado de enfermos y de la infancia menesterosa. (1900).
Hoy recordamos especialmente al Beato JUAN MARÍA BROCCARDO
Nació en la ciudad de Moncalieri, vecina de Turín, Italia. Estudió en el Seminario diocesano y recibió el Orden sacerdotal en 1871. Se le nombró director espiritual de los seminarios de Chieri y Turín; posteriormente, fue nombrado canónigo honorario de la Colegiata de Chieri. En 1882 se le nombró director espiritual del seminario mayor. Dos años después fue designado párroco de Pancalieri, Turín, en este cargo y población permanecerá hasta su partida al Reino. Su carisma pastoral y virtudes pronto hicieron que la población frecuentara los Sacramentos y asistiera a la celebración de la Eucaristía. En 1884, al estallar la epidemia de cólera, el padre Broccardo atendió de forma incansable y servicial a los infectados del mal. Fundó la Congregación de Hijas Pobres de San Cayetano para atender a las víctimas. La tarea de asistencia del Instituto y el perseverante trabajo en favor de la educación de los niños, el auxilio a los pobres, enfermos y ancianos del padre Juan María favorecieron la expansión de su obra y llegó a fundar más de treinta casas. Su labor sólo fue interrumpida por la parálisis que le afectó los últimos años de su vida; sin embargo, aún con estas limitaciones, nunca abandonó la supervisión de su Fundación ni el trabajo asistencial y espiritual para sus feligreses. Como parte de su testamento espiritual dejó muchos escritos de carácter místico y pastoral.
