- San DAVID, rey y profeta. Hijo de Jesé. Encontró gracia ante Dios y fue ungido con el santo óleo por el profeta Samuel para regir el pueblo de Israel. Trasladó a la ciudad de Jerusalén el Arca del Señor. De él nació, según la carne, como descendiente suyo, Jesucristo.
- San TRÓFIMO, obispo. En Arlés. Considerado el primer obispo de la sede. (s. III).
- San LIBOSIO, obispo y mártir. En Cártago. (258).
- San MARTINIANO, obispo. En Milán. (431).
- San MARCELO, abad. En Constantinopla. Al frente del monasterio de los Acemetes donde se cantaban los salmos día y noche sin parar. (480).
- Santo THOMAS BECKET, obispo y mártir. Cantorbery. Por defender la justicia y la Iglesia, fue obligado a desterrarse de la sede de Cantorbery y de su patria, a la que volvió al cabo de seis años y donde padeció mucho hasta que fue muerto por unos esbirros en la catedral, por orden de Enrique II. (1170).
- San EBRULFO, abad. En Neustria, actual Francia. En tiempos del rey Chidelberto (596).
- Beato GERARDO CAGNOLI, religioso. En Palermo. Franciscano. Hizo vida eremítica durante mucho tiempo. (1342).
- Beato GUILLERMO HOWARD, mártir. En Londres. Profesó el catolicismo, y por esto fue acusado de conspirar contra el rey Carlos II por lo que fue degollado. (1680).
- Santa BENEDICTA IOKYONG-NYON, viuda, catequista y mártir, junto con otros seis compañeros. En Seúl. Sufrieron muchos suplicios a causa de ser cristianos y acabaron por ser decapitados. (1839).
- Beatos ENRIQUE JUAN REQUENA, presbítero, y JOSÉ PERPIÑÁ NÁCHER, mártires ambos. En Valencia. Durante la persecución religiosa en España. (1936).
- Beato JUAN BAUTISTA FERRERES BOLUDA, presbítero y mártir. En Valencia. Jesuita. Durante la persecución religiosa en España. (1936).
Hoy recordamos especialmente al BEATO JOSÉ APARICIO SANZ
Enguera (Valencia), 12.III.1893 – Paterna (Valencia), 29.XII.1936. Sacerdote diocesano, mártir, beato.
Estudió bachillerato en las Escuelas Pías de Valencia e ingresó en el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas.
Recibió el presbiterado en 1916. Su primer cargo fue la Vicaría de Benali (Valencia). Pasó después a Santa María de Oliva (Valencia) como coadjutor, destacándose por la caridad con que atendió a los enfermos de epidemia de gripe de 1918. Fue después a Benifallim (Alicante) y a Luchente (Valencia), donde publicó escritos de espiritualidad y mística e hizo un centro de irradiación eucarística del lugar santificado por el milagro de los Corporales de Daroca. Nombrado arcipreste de su población natal, fue éste su último encargo pastoral.
Recluido en su casa en los días difíciles de julio de 1936, continuó atendiendo a sus feligreses. Pero el 11 de octubre fue detenido y llevado al seminario de Valencia convertido en checa. Junto con él fueron llevados su coadjutor, Enrique Juan Requena y varios seglares. Animó a sus compañeros, pidiendo a todos que perdonasen a sus enemigos. De allí pasaron al Gobierno Civil y el 13 del mismo mes los recluyeron en la Cárcel Modelo. El 29 de diciembre lo sacaron con otros treinta y cinco detenidos, entre ellos ocho sacerdotes. Durante el camino hacia el Picadero de Paterna, les habló del cielo y les alentó a que perdonaran.
Llegados al lugar de la ejecución, preguntó por el que les iba a matar y le abrazó, le perdonó en nombre de todos. Ofreció su vida por los demás, porque había muchos padres de familia, pero no lo aceptaron. Pidió permiso para dirigir la palabra a todos sus compañeros y se lo concedieron. Les animó a hacer pública profesión de fe cristiana y les habló de la dicha tan grande que les esperaba al morir. Se arrodillaron, les dio la absolución y la bendición papal, les recomendó el alma y gritó: “¡Viva Cristo Rey!”.
Todos repitieron este grito y sonó la descarga. Tenía cuarenta y tres años.
