Hoy, 25 de febrero, la Iglesia celebra a:

by AdminObra

 

  1. San NÉSTOR, obispo y mártir. En Perge, Turquía. En la persecución de Decio fue condenado por el prefecto a morir en una cruz. (250).
  2. Santa ALDETRUDIS, virgen y abadesa. En Galia belga. (526).
  3. Santa WALDBURGIS, abadesa. En Franconia, hoy Alemania. Sus hermanos San Bonifacio, San Willibaldo y San Winebaldo la convencieron para que fuese de Inglaterra a Germania, donde rigió aquel monasterio de doble comunidad de monjas y monjes. (779).
  4. San GERLANDO, obispo. En Sicilia. Organizó su iglesia después de la presencia sarracena. (1100).
  5. Beato ROBERTO de ARBRISSEL, presbítero. En Aquitania. Predicando públicamente la conversión de costumbres, reunió hombres y mujeres en el Monasterio de Fontevrault, bajo el gobierno de una abadesa. (1116).
  6. Beato AVERTANO, peregrino y religioso. En Lucca, Italia. Carmelita. (1386).
  7. Beato SEBASTIÁN APARICIO, terciario. En México. Siendo pastor de ovejas fue de España a México, donde reuniría una gran fortuna con la que ayudó a los pobres, y tras haber enviudado dos veces, fue recibido como terciario franciscano. Falleció casi a los cien años. (1600).
  8. Beato DOMINGO LENTINI, presbítero. Basilicata, Italia. Ejerció un fructuoso y variado ministerio, cimentado en una vida de humildad, oración y penitencia. (1828).
  9. Beata MARÍA ADEODATA PISANI, virgen y abadesa. Isla de Malta. Benedictina. Abadesa del monasterio de San Pedro, con sabia administración de su tiempo, a la vez que cumplía su propia misión, mostró gran interés por los pobres y abandonados, y contribuyó así al bien de la comunidad. (1855).
  10. San LORENZO BAI XIAOMAN, mártir. En Guangxi, China. Artesano, y neófito. Prefirió ser azotado y decapitado antes que negar a Cristo. (1856).
  11. Santo TORIBIO ROMO, presbítero y mártir. En Guadalajara, México. Asesinado por ser sacerdote. (1928).
  12. Santos LUIS VERSIGLIA, obispo, y CALIXTO CARAVARIO, presbítero; mártires. En Guandong, China. Martirizados por haber dado asistencia a las personas que les estaban confiadas. (1930).

Hoy recordamos especialmente a SAN CESÁREO

Nacido en Nacianzo en el año 331. Su padre se llamaba Gregorio el Viejo, que llegó a ser obispo de Nacianzo y su madre Nonna. Tuvo como hermanos a Gregorio Nacianceno y según alguna fuente también tuvo como hermana a Gorgona, que es venerada como santa.  Se da por supuesto que sus primeros estudios los realizó en Cesarea Mazaca (Capadocia). El muchacho apuntaba formas. Los primeros escarceos docentes fueron el preludio de lo que habría de ser una brillante carrera, que estaba reservada a quien por vocación y por facultades estaba llamado a ser un personaje importante. Una vez concluidos lo que podíamos denominar los primeros estudios, se trasladó a Alejandría, para continuar allí su periodo de formación en las escuelas más prestigiosas de esta ciudad, empleándose a fondo en el estudio de la geometría, astronomía y especialmente en la medicina, rama en la que profesionalmente habría de destacar, juntamente con la política, en la que estaba llamado a desempeñar cargos de gran responsabilidad.

Concluidos sus estudios fue adquiriendo fama como conocedor de los secretos de la medicina que llegó hasta palacio, siendo llamado para ocupar un puesto de doctor en la corte bizantina de Constancio II.  Cuando ya se había consolidado en el cargo y había demostrado sus habilidades médicas, recibió la visita de su hermano Gregorio, que venía de Atenas rumbo a su hogar, allá por el año 358. Cesáreo sintió una gran alegría de volver a estar con su hermano por quien sentía gran admiración y cariño. Si hemos de creer a su biógrafo, los dos hermanos se apreciaban mutuamente, si bien sus caracteres eran muy diferentes. Cesáreo era más mundano, más “relaciones públicas”, sintiéndose muy a gusto en el mundo de las artes y de las letras, mientras que el talante de Gregorio era más religioso. En cualquier caso, ambos se complementaban y se ayudaban mutuamente. En esta ocasión Cesáreo no quiso separarse de su hermano, tomando la decisión de sacrificar su posición envidiable en la corte y regresar con Gregorio al hogar de sus padres. Allí pasaría un tiempo a gusto junto a los suyos, pero volvió a sentir nostalgia por la gran ciudad, que le atraía como un imán, por esta razón entra en contacto con Juliano el Apóstata, con gran disgusto de su familia. Juliano intentó atraerle al paganismo, pero fue en vano porque Cesáreo se mantuvo firme en su fe, sobreponiéndola al favor imperial.

Una vez acaecida la muerte de Juliano, Cesáreo regresó a Constantinopla y durante el gobierno de Flavio Valente le vemos como cuestor, corriendo a su cargo   la tesorería y recaudación de impuestos.  Fue una suerte que en octubre del año 368 saliese ileso del terremoto que asoló Nicea. Después de este suceso recibió una carta de San Basilio incitándole a que dejara la política y se consagrara por entero a la vida religiosa, solicitud que seguramente hubiera sido atendida si la muerte no le hubiera sorprendido inesperadamente a consecuencia de la plaga que se extendió como la pólvora debido al terremoto, no sin antes haber recibido el bautismo que había ido demorando. Su hermano, con la presencia también de sus padres, tuvo el honor de pronunciar la homilía conocida con el nombre de oración fúnebre. En ella Cesáreo era presentado como ejemplo de cristiano y asceta, y en la que se daban detalles de su vida, que resultaron ser fundamentales para su posterior canonización.