- Santos ESPEUSIPO, ELAUSIPO y MELASIPO, hermanos y mártires; y LEONILA, su abuela, y mártir. En Capadocia. (s. inc.).
- San ANTONIO, abad. En la Tebaida, Egipto. Allí llevó una vida ascética. Trabajó para reforzar la acción de la Iglesia, sostuvo a los confesores de la fe durante la persecución de Diocleciano, apoyó a San Atanasio contra los arrianos y reunió a tantos discípulos que mereció ser considerado padre de los monjes. (356).
- San JULIÁN, asceta. En Osroene, entre Siria y Turquía. Llamado “Anciano”, o “Sabas”. Detestaba el estrépito de la ciudad, pero dejó la soledad de su retiro para enfrentarse a los arrianos en Antioquía. (377).
- San MARCELO, obispo. En la Galia. Defensor de la ciudad. Por defender la fe fue desterrado por el rey arriano Eurico. (510).
- San SULPICIO, obispo. En Bourges, Aquitania. Llamado “Pío”. Su mayor preocupación tras pasar del palacio real al episcopado fueron los pobres. (647).
- Beato GAMALBERTO, presbítero. En Baviera. Entregó sus bienes a Utón, de quien había sido padrino en la fuente bautismal, para que construyese el monasterio de Metten. (802).
- Santa ROSALINA, priora. En Frejús, la Provenza, en Francia. Priora de la Cartuja. Se distinguió por su abnegación y su austeridad en la comida, el sueño y el ayuno. (1329).
Hoy recordamos especialmente a SAN JENARO SÁNCEHZ DELGADILLO
Nació en Zapopan, Jal. (Arquidiócesis de Guadalajara), el 19 de septiembre de 1886, Vicario de Tamazulita, de la parroquia de Tecolotlán, Jal, (Diócesis de Autlán). Su párroco elogiaba su obediencia. Los fieles admiraban su rectitud, su fervor, la elocuencia de su predicación, y aceptaban gustosos la energía del Padre Jenaro cuando les exigía la buena preparación para recibir los sacramentos. Los soldados y algunos agraristas le tomaron preso junto con unos feligreses amigos cuando iban al campo. A todos les dejaron libres menos al Padre Jenaro quien fue conducido a una loma cercana a Tecolotlán y en un árbol prepararon la horca. El Padre Jenaro colocado en el centro de la tropa, con heroica serenidad les habló: «Bueno, paisanos, me van a colgar; yo les perdono, que mi Padre Dios también les perdone y siempre viva Cristo Rey». Los verdugos tiraron la soga con tal fuerza que la cabeza del mártir pegó fuertemente en una rama del árbol. Poco después murió en aquella noche del 17 de enero de 1927. La saña de los soldados continuó y en la madrugada regresaron, bajaron el cadáver, le dieron un tiro en el hombro y una puñalada que casi atravesó el cuerpo inerte del testigo de Cristo.
