Entró desde el principio en el canon hebreo de los Profetas Menores. Del mismo modo fue recibido en el canon cristiano del AT, donde aparece en octavo lugar a continuación de Nahum.
En el oráculo con el que comienza este libro, los caldeos (o babilonios), pueblo que acabó con el poderío de Asiria, aparecen como instrumentos de Dios contra los opresores de Israel. Así se da continuidad a los oráculos contra Asiria, objetivo principal del libro precedente de Nahum.
Presenta semejanzas con otros profetas, como Isaías, Jeremías, Miqueas, con algunos salmos, y con el libro de Job.
De la persona de Habacuc, sólo sabemos decir lo poco que se desprende de este su libro. El libro lo presenta como un centinela a la escucha del mensaje divino (Ha 2, 1).
El salmo final del libro (Ha 3, 1-19) puede hacer pensar que es un levita, o alguien que conozca el culto.
Por las referencias del escrito, Habacuc debió de ejercitar su ministerio profético al comienzo de la expansión del imperio neobabilónico (625-612).
