El propio San Antonio, “Padre de los monjes”, cuando decidió dejarlo todo, vendió sus posesiones y dio el dinero a los pobres.
En fin, todos los cristianos tenían el deber de contribuir con su aportación económica o personal y en la medida de sus posibilidades al auxilio de los más desvalidos, de tal manera que todas las comunidades se veían implicadas en la limosna y en las tareas de asistencia.
No se debe olvidar el papel que en el servicio a las personas necesitadas jugaron especialmente los diáconos, las viudas, y las vírgenes consagradas.
El nacimiento de una doctrina social cristianas: los Padres de la Iglesia
Los Padres acuñarían algunos conceptos fundamentales como “suficiencia”, “superfluo”, “uso común”, “comunicación”, y desarrollaron la idea de otros, si bien sin emplear aún tales términos, como “función social”, “justicia social”.
La doctrina social patrística es la primera manifestación de la Doctrina Social de la Iglesia.
Todos parten del mismo depósito común de la Sagrada Escritura, y la fe apostólica y ofrecen una admirable unidad y concordancia en los puntos fundamentales: el valor trascendente del hombre como imagen de Dios, con una dignidad superior a todas las criaturas de la tierra; la naturaleza social del hombre; el sometimientos de las relaciones sociales y económicas a las normas de la justica y de la caridad; la primacía de la utilidad general o bien común sobre el interés particular; la unidad e igualdad esenciales de todos los hombres; la diversidad y pluralidad de éstas y la desigualdad accidental de los hombres en ellas; la voluntad de Dios de que tales desigualdades se nivelen en el desarrollo de la vida social; la imposición divina de una función social a toda superioridad; y la obligación de hacer participar y poner al servicio de los demás toda preeminencia individual y todo don personal.
