VIERNES IV PASCUA (en busca del Fuego)

by AdminObra

En busca del Fuego de lo Alto, necesitamos un camino definido para no deambular sin sentido.

El camino ya está identificado. Es Alguien. Es Jesús. Nos acaba de decir que no nos asustemos ni decaigamos. Ante los acontecimientos, nos pide fe profundísima en Él y en su Padre. Bien.

Esta identificación de Sí mismo con un camino, ocurre en el contexto de un profundo silencio marcado por el temor y la tristeza tras el anuncio terrible de las traiciones. Todos van de camino hacia un Huerto muy particular. Los discípulos tienen necesidad de aclarar muchas cosas, y le hacen preguntas al Señor. Las respuestas que les da las interpretan en un primer plano. No van “más allá”.

Al decirles que es “camino, verdad, vida” se ha revelado como mediador, revelador, salvador. Por eso un cristiano tiene que admitir que Jesús lo es todo en su vida. Porque lo es todo para nosotros, y para el mundo entero.

Él es el único que nos puede llevar al Padre. “¿Dónde moras?”. Esas moradas nos las ha ido a preparar. Y a esas moradas nos quiere llevar, al lugar en el que habita la inmensidad del Padre.

Él nos muestra el Camino, nos da las pautas, y nos avitualla. Pero el Espíritu Santo nos aportará algo que está por ver.

Este primer Discurso de Despedida, traerá consigo la gran promesa del propio Espíritu Santo, como pronto escucharemos.

Seguimos en busca del “Paráclito”, del que nos defienda durante nuestro recorrido vital y existencial.