Proveniente de una familia de criadores de ovejas en Castelnau d’Auzan, y con estudios de técnico agrícola, optó por seguir siendo pastor, pasando de las ovejas a los hombres. François-Xavier Branthomme (31 años), decidió a los 21 años “seguir la llamada de Dios” que había sentido durante un campamento scout cuando tenía 12 y después de 7 años de estudios en el seminario de Toulouse, fue ordenado diácono en noviembre de 2023 en la catedral de Condom y ordenado sacerdote en junio de 2024 en la catedral de Sainte-Marie d’Auch, en el corazón de la Occitania francesa.

Sin embargo, el padre ‘FX‘ (tal y como lo conocen sus compañeros de equipo) sabe combinar su fe con su pasión por el rugby. Porque sí, a pesar de los prejuicios, las dos opciones pueden vivir absolutamente en comunión. Habiendo jugado al rugby desde muy joven, ‘Zouille’ (apodado así en el ámbito familiar) no abandonó el deporte oval después de ingresar en el seminario. Durante su incorporación en la parroquia de Condom, dio el paso y en 2021 fichó por 3 temporadas en el US Montreal siendo un jugador polivalente que juega en las posiciones de 2ª y 3ª línea o algunas veces de central.
A principio de temporada, bendijeron las camisetas del Montestruc-sur-Gers Rugby
François-Xavier ahora defiende los colores rojo y negro del Montestruc-sur-Gers (regional 3 Occitanie, grupo 6, han quedado terceros de 10 equipos y han jugado playoffs) y ha encontrado el espacio idóneo donde la llama del rugby no se apaga a pesar del peso de la carga pastoral. Si el horario del partido no le permite asistir por sus obligaciones, pone una vela a su santo predilecto para que les acompañe en la victoria.
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Vida en la granja
François-Xavier fue el penúltimo de una familia católica de 9 hijos. Después de obtener su título en el instituto Saint-Jean de Lectoure, ‘Zouille‘ obtuvo un BTS en Producción Animal, seguido muy rápidamente de una licencia técnico-comercial en suministros agrícolas, antes de trabajar durante 2 años como vendedor de productos agrícolas y ayudar en la granja familiar. Parecía que su camino estaba encarrilado a retomar la explotación ovina familiar cuando fuera el momento.
Sonriente, Branthomme (dcha.), junto al padre Bonaldo, vicario de la parroquia de Fleurance, a la que pertenece el pueblo de Montestruc
Pero en 2016 decidió hacer el paso y abrazar la vida sacerdotal. Las reacciones fueron dispares entonces en el círculo familiar: la alegría de algunos contrastó con la decepción de otros, especialmente del padre, que esperaba ver a su hijo regresar e instalarse en la granja para perpetuar el legado familiar.
François-Xavier sabía que el negocio familiar podía quedar en buenas manos cuando se hizo cargo su hermano pequeño y su cuñado, aunque el pasado octubre, el ganado se escapó del recinto para llegar a pastar al campo de rugby de Castelnau d’Auzan. Por suerte, ese día no jugaba en casa. El equipo local había ido a jugar a Montestruc-sur-Gers, el equipo del padre Branthomme.
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Jugar y dar ejemplo
Fichar por un club de rugby era un fuerte deseo del padre ‘FX’, que ve como una misión de evangelización atender libremente a un público distinto de la misa dominical. Designado en Auch, eligió un pequeño y acogedor club familiar de la Regional 3, entonces en plena reconstrucción: el Montestruc Gers Rugby (MGR) es un equipo regional de amateurs que ha sufrido algunos altibajos. Resucitado el año pasado después de 3 temporadas en ‘stand by’ (parado en 2019 a causa de la pandemia y renacido en 2020, para luego volver al letargo en 2021), así como un laborioso vía crucis el año anterior (2022) con solo 2 victorias, los rojos y negros cuentan esta temporada con un ángel de la guarda especial que aporta algo más que su esfuerzo físico.
Alegría desbordada en el vestuario del Montestruc-sur-Gers tras una victoria
Es también alguien que escucha y se preocupa por el día a día de sus compañeros. En el rugby practica el compartir, la ayuda mutua, la solidaridad y el espíritu de cuerpo que sublimará en su misión a través de la caridad y la comunión. Diligente en el entrenamiento, incluso si eso implicaba llegar a ejercitarse con mocasines, el párroco no tardó en ser aceptado por el grupo y los espectadores, un tanto aturdidos por la insólita vocación de su nuevo recluta en un entorno donde los pilares (de las iglesias) no abundan.
