LUNES II PASCUA

by AdminObra

Nicodemo, fariseo de la clase dirigente del Sanedrim, recto y fiel, pero también ambiguo y torpe para “entender”, le pasa lo que a muchos, cree conocer a Jesús, y no es así. Sabe cosas sobre Jesús, pero no lo “conoce”, no lo ama. Con todo, es un hombre que tiene interés y que busca una plenitud en su vida religiosa que no halla en sí mismo. ¿La hallará en Jesús?

Jesús le habla con franqueza y está dispuesto a ayudarle en su relación con Dios. Para ello, Nicodemo tiene que estar dispuesto a ser completamente desinstalado de sus esquemas, que en este momento lo constriñen en su vida espiritual. Se le propone una transformación completa. Para aceptarla, hay que estar dispuesto a todo. Hay que dejar que el Hijo de Dios nos ponga en manos del Espíritu. Hay que estar dispuestos a “nacer de nuevo”, a desaprenderse de todo, y dejar que el Espíritu sea el que nos transmita algo “nuevo” y divino. Dejar que el Espíritu sea nuestro “esquema”.

Nacer de nuevo… es el propósito de esta Pascua que culminará con un nuevo Pentecostés en el último día de este tiempo festivo, pero, también, de mucha contemplación y revisión. No todo termina con el Domingo de Resurrección. Hay que hacer ahora un camino hacia el “Fuego”, hacia la Pascua del Espíritu Santo, para que nos encienda en el “fuego de su Amor” en el contexto sagrado de la Liturgia de la Iglesia.

Si estamos dispuestos y abiertos, Dios nos enviará el Espíritu para que Jesús sea uno en nosotros, en nuestro corazón. Nos otorgará algo que nos parece increíble e inimaginable, una auténtica libertad, que nos llevará a ir adonde el Espíritu “diga”, como ocurre con el viento, y llevar un orden de vida que interrogue al mundo acerca del fundamento de nuestro obrar y de nuestra libertad y de nuestra seguridad. Sería una seguridad no basada en armaduras humanas, sino en lo invisible de Dios (pero real y poderoso).

Estamos llamados a algo grande, y hemos de estar dispuestos a “nacer de nuevo”. Dejemos que el Espíritu nos haga “volar alto y fuerte”.