Desde el siglo V, el último domingo de Cuaresma encontró en Roma su forma definitiva: el “domingo de la Pasión”, aunque todavía no se le designase así.
La Pasión del Señor será el único tema de este domingo hasta el siglo X.
A diferencia de Roma, otros ritos elaboraron una liturgia cuyo núcleo central era la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén.
La monja y peregrina Egeria así ya lo testimonia en el siglo IV cuando estuvo en Jerusalén.
La tradición jerosimilitana pasó a las iglesias de Oriente (s. V) y Occidente (ss. VI-VII).
La liturgia española adoptó esta costumbre durante el siglo VII, aunque los textos se referían no sólo a la entrada de Cristo en Jerusalén, sino, y sobre todo, a la “entrega del símbolo” a los catecúmenos.
Durante los siglos IX-X se difundió la procesión por todo el Imperio Carolingio, entrando también en Roma, que antes conmemoraba el hecho, pero sin procesión, el Lunes Santo.
Hacia mediados del siglo X recogió el rito de este día el Pontifical Romano-Germánico, de donde pasó al Misal Romano.
Durante la Edad Media la procesión adquirió un carácter dramático y se revistió de cantos, bendiciones y expresiones plásticas, como la talla de Cristo, el asno, etc.
La bendición de ramos creció tanto que parecía una misa sin canon.
La liturgia del Misa de San Pío V recogía en la liturgia de la “Domenica in Palmis” cinco partes diferenciadas:
- Bendición de los Ramos, que tenía lugar en una extensísima celebración;
- Distribución de los Ramos, a todos los presentes, persona a persona;
- Procesión, partiendo de la iglesia y regresando a ella tras una larga procesión con cantos de antífonas;
- Rito de las puertas cerradas de la iglesia, que se abrían tras unos golpes, entrando el cortejo; y
- Celebración de la antigua Misa Romana de la Pasión.
En 1955, Pío XII simplificó los ritos de la procesión, aproximándola más a la praxis primitiva de Jerusalén. Dejaría en dos partes bien delimitadas:
- La procesión solemne en honor de Cristo Rey; y
- La Misa de la Pasión.
La bendición fue muy simplificada, y otros detalles como el referente a la entrega de los Ramos.
En esta línea se ha ratificado la reforma litúrgica realizada después del Concilio Vaticano II.
