¿Cómo afrontamos las tribulaciones en nuestra vida? ¿Y en la vida de los demás? ¿Sabemos darles consejos adecuados, que tengan relación con nuestra fe?
La Palabra de Dios en este nuevo día cuaresmal nos pide que reflexionemos en cómo entendemos la tribulación en nuestra vida y en la vida de los otros. ¿Tendríamos que considerarlas como dones de Dios? Ciertamente hace falta tener mucha fe para llegar a esa conclusión.
El Catecismo nos pide “confianza filial” en Dios, pues en la tribulación es donde se pone a prueba nuestra fe. Por ello, el Catecismo nos anima a rezar pidiendo por uno mismo y por los demás, que soportan tribulación.
Como cristianos, miembros y parte de la Iglesia, tenemos que tener firme en nuestro pensamiento que estamos llamados a vivir en tribulación permanente. El Catecismo a esto le llama la “gran tribulación”, que es una enseñanza del libro del Apocalipsis referida a nuestra vida en este primer mundo, al cual hemos sido convocados para padecer por el nombre de Cristo. Los santos interceden por nosotros desde la gran Alabanza celestial pidiendo por nuestra perseverancia final, y para que seamos dignos del Cordero degollado.
Finalmente, en Cuaresma, pidamos a Dios que nos ayude a entender el porqué de las tribulaciones en nuestra vida y en nuestra Iglesia, y que nos ayude a vivirlas con ánimo y con fe sabiendo que son ocasión para dar testimonio de nuestro amor, Cristo; “constantes en la tribulación, perseverantes en la oración”, +diría San Pablo. La oración de los justos nos sostiene unos a otros.
