LUNES II CUARESMA

by AdminObra

Estamos viviendo un tiempo litúrgico que nos tiene que mover a arrepentimiento. No hay que posponer ni retrasar el arrepentimiento que exigen muchas de nuestras decisiones.

El Catecismo de la Iglesia, usando una cita del Santo Padre San Juan Damasceno, dice: “No hay arrepentimiento para ellos después de la caída, como no hay arrepentimiento para los hombres después de la muerte”. Es ahora cuando corresponde arrepentirse. Después, no es posible. Después de la muerte ya no tendremos esa capacidad de “retorno”.

Tenemos que arrepentirnos muy especialmente de nuestros pecados mortales.

El pecado mortal, enseña el Catecismo, destruye la caridad en nuestro corazón por causa de una infracción grave de la Ley de Dios; aparta al hombre de Dios, que es hacia quien deberíamos caminar, habiendo preferido un “bien” inferior.

Aunque parezca increíble, somos capaces de cometer esta acción que ataca en nosotros la caridad que deberíamos anidar.

Somos capaces de amar; somos capaces de pecar.

Si no es rescatado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, causa la exclusión del Reino de Cristo y la muerte eterna del infierno, porque nuestra libertad tiene poder de hacer elecciones para siempre, sin retorno. Ése es el poder de este don tan preciado y tan caro, el poder que tiene la libertad, y que tenemos que saber usar, también para arrepentirnos hondamente de nuestros graves pecados. Gracias a ese arrepentimiento sincero y profundo, y acogiendo el perdón absolutorio de Dios, estaremos rescatando, asimismo, nuestra libertad que nos ha de llevar al bien y a la santidad.