- San MENIGNO, batanero. En Helesponto, Turquía. (250).
- San ZACARÍAS, papa. Gobernó la Iglesia con desvelo y prudencia, pues frenó el ímpetu de los lombardos, indicó el recto orden a los francos, proveyó de iglesias a los germanos y procuró el entendimiento con los griegos. (752).
- Santa LEOCRICIA, virgen y mártir. En Córdoba. Nació en familia musulmana. Ocultamente abrazó la fe, y detenida en casa junto con San Eulogio, cuatro días después del martirio de éste, fue decapitada. (859).
- San SISEBUTO, abad. En Burgos. (1086).
- Beato GUILLERMO HART, presbítero y mártir. En York. Ordenado en el Colegio Romano de los Ingleses, en tiempo de la reina Isabel I, fue ahorcado y descuartizado por haber persuadido a algunos de abrazar la fe católica. (1583).
- Beato JUAN ADALBERTO BALICKI, presbítero. En Przemysl, Polonia. Se dedicó con ardor al ejercicio de su ministerio en favor del pueblo de Dios, y demostró una especial disposición para predicar el Evangelio y asistir a las jóvenes descarriadas. (1948).
- Beato ARTÉMIDES ZATTI, religioso. En Viedma, Argentina. Salesiano. Se distinguió por su celo misionero. Establecido en Patagonia, pasó toda la vida en un hospital de la región, ayudando con fortaleza de ánimo, paciencia y humildad a los necesitados. (1951).
Hoy recordamos especialmente a SANTA LUISA MARÍA de MARILLAC
A los 34 años falleció su esposo, y decidió entonces consagrar su vida al servicio de Dios. Esta santa mujer tuvo la dicha inmensa de tener como directores espirituales a dos santos muy famosos y extraordinariamente guías de almas: San Francisco de Sales y San Vicente de Paúl. Con San Francisco de Sales tuvo frecuentes conversaciones espirituales en París en 1618 (tres años antes de la muerte del santo) y con San Vicente de Paúl trabajó por treinta años, siendo su más fiel y perfecta discípula y servidora. San Vicente de Paúl había fundado grupos de mujeres que se dedicaban a ayudar a los pobres, atender a los enfermos e instruir a los ignorantes. Estos grupos de caridad existían en los numerosos sitios en donde San Vicente había predicado misiones, pero sucedía que cuando el santo se alejaba los grupos disminuían su fervor y su entusiasmo haciéndose necesario la presencia de alguien que los coordinase y animase permanentemente.
Dicha persona providencial fue Santa Luisa de Marillac, quien personalmente se ofreció para coordinar y dirigir a los grupos de caridad. La santa recorrió el país visitando las asociaciones de caridad, llevándoles gran cantidad de ropas y medicinas para entregar a los más necesitados.
En 1633, el 25 de marzo, las primeras cuatro jóvenes hacen votos de pobreza, castidad y obediencia, bajo la dirección de Santa Luisa, naciendo así la más grande comunidad femenina que existe, las Hermanas Vicentinas, Hijas de la Caridad. La santa además escribió muchos textos y libros en los cuales recopiló las enseñanzas de San Vicente de Paul y reflexiones personales, constituyendo una extraordinaria riqueza para la vida espiritual de sus religiosas y de todas las personas en general.
Falleció el 15 de marzo de 1660, después de sufrir una dolorosa enfermedad y dejando fundada y muy extendida la más grande comunidad de religiosas.
