HERMANOS DE SAN JUAN DE DIOS

by AdminObra

Dentro de la reforma iniciada por Trento, ha de destacarse, entre la multitud de nuevas órdenes, dentro de los estados de perfección, algunas dedicadas exclusivamente al servicio de los enfermos. Destacamos, por ser la festividad de su fundador, a los Hermanos de San Juan de Dios.

Los Hermanos no es una orden de clérigos, sino de legos o “hermanos”, si bien comprende algunos sacerdotes.

Su fundador fue San Juan de Dios, nacido en Évora, Portugal, quien llevó primero una vida pobre y muy agitada de soldado.

En Granada, en medio de una vida aventurera, en 1539, oyó predicar a San Juan de Ávila, y se sintió transformado.

Sintiéndose pecador, andaba por las calles lamentándose de sus pecados, por lo cual fue tenido por loco. Fue hecho preso y conducido a un hospital. Allí lo maltrataron.

Todo sirvió para su futura vocación.

Al ver cómo eran tratados los enfermos, en especial los incurables o los mentales, Juan concibió el plan de entregarse al cuidado de los mismos.

Así alquilaría en 1540 una casa en Granada donde poder alojar a los enfermos. Con una limosna recibida se procuró 46 camas, y dio principio a los muchos hospitales que llevarían en lo sucesivo su nombre.

Entusiasmado por esta incipiente obra, el obispo Sebastián Ramírez, canciller de Granada, designó a Juan como “Juan de Dios”.

El arzobispo de Granada, Pedro Guerrero, procuró al Santo un hospital más amplio, donde Juan de Dios se entregaba con ilimitada caridad al servicio de los enfermos, sobre todo de los mentales.

El mismo Felipe II, aun antes de ser rey, admiraba y ayudaba a San Juan de Dios en la organización de la caridad.

A su lado se pusieron los jesuitas, movimiento con sus sermones a la gente de buena posición a favorecer aquella obra. En estas circunstancias, estando sin consolidar esta obra, moriría San Juan, mártir de la caridad por haber querido salvar a un niño que se ahogaba en las aguas del Genil, en 1550.

Pero, después de su heroica muerte, su obra creció rápidamente hasta llegar a una plena madurez.

Se erigió en Madrid un hospital, mientras el obispo Pedro Guerrero, levantaba otro mayor con iglesia propia.

No mucho después surgían otros hospitales en Córdoba, Lucena, Toledo y otras ciudades.

La forma definitiva de la nueva institución se obtuvo finalmente en 1572 cuando el superior Sigüenza obtuvo de San Pío V una bula en la que se prescribía a los “hermanos de los enfermos” la regla de San Agustín y un hábito propio.

En 1586, Sixto V aprobó las constituciones definitivas del nuevo Instituto, proclamadas en un capítulo general de ese mismo año.

Paulo V declaró “Orden religiosa” a esta fundación de San Juan de dios.

La Orden se había extendido ya a Italia y a otros territorios. Sólo en España contaba hacia 1648 con unos 80 hospitales.