Hoy, 5 de marzo, la Iglesia celebra a:

by AdminObra

 

  1. San TEÓFILO, obispo. En Cesarea de Palestina. Bajo el imperio de Septimio Severo brilló por su sabiduría e integridad de vida. (195).
  2. San CONÓN, mártir. En Panfilia. Hortelano de profesión, en tiempos de Decio fue obligado a correr ante un carro con los pies atravesados por clavos hasta que le pasaron por encima. (250).
  3. San LUCIO, papa. En Roma. Sucesor de Cornelio, que sufrió por Cristo el exilio. Defendió la fe, y actuó con moderación y prudencia. (254).
  4. San FOCA, mártir. En Ponto. Labrador de oficio, que sufrió muchas injurias por Cristo. (s. IV).
  5. San ADRIANO, mártir. En Cesarea de Palestina. Bajo la persecución de Diocleciano fue arrojado ante un león, y después degollado. (309).
  6. San GERÁSIMO, anacoreta. En Palestina. En tiempos del emperador Zenón, convertido a la fe por obra de San Eutimio, se entregó a las grandes penitencias, y ofreció a todos los que bajo su dirección se ejercitaban en la vida monástica la norma de una disciplina perfecta, y el modo de sustentarse. (475).
  7. San KIERANO, obispo y abad. En Hibernia, Irlanda. (530).
  8. San VIRGILIO, obispo. En Provenza, Francia. Recibió como huéspedes a San Agustín y a sus monjes cuando estos viajaban hacia Inglaterra por encargo del Papa San Gregorio Magno. (618).
  9. Beato CRISTÓBAL MACASSOLI, presbítero. En Lombardía. Franciscano. Insigne por su predicación y caridad para con los pobres. (1485).
  10. Beato JEREMÍAS KOSTISTIK de VALACCHIA, religioso. En Nápoles. Franciscano. Con caridad y alegría asistió a los enfermos durante cuarenta años. (1625).

Hoy recordamos especialmente a SAN JUAN JOSÉ de la CRUZ CALOSIRTO

Carlo Gaetano nació en la isla de Ischia, frente a Nápoles, en 1654. Desde muy joven se sintió atraído por la figura de san Francisco de Asís, pero en aquellos tiempos la Orden franciscana no estaba en sus mejores momentos. En 1670 ingresó en los franciscanos alcantarinos, reforma que había iniciado san Pedro de Alcántara. Juan José fue el primer italiano que se adhirió a esta reforma. Fue encargado de construir el convento de Alifas, Campania. Por obediencia fue ordenado sacerdote, ya que se consideraba indigno. Fue maestro de novicios y guardián provincial de Italia, nombrado por el papa Clemente XI, en un principio no quiso aceptar alegando su falta de salud y su incompetencia, pero el nombramiento ya estaba hecho.

Sus penitencias físicas fueron durísimas, imitando de este modo a su santo reformador: Pedro de Alcántara. Creó eremitorios fuera del monasterio para aquellos que querían vivir con mayor austeridad. A pesar de la estricta observancia de las reglas, puso un especial cuidado en que los novicios tuvieran tiempos regulares de recreo. Entendió, que lejos de ser un lujo, el recreo es una necesidad del espíritu humano. Por su amor a la pobreza llegó a ser llamado «el Padre de los cien remiendos». He aquí algunos de sus pensamientos: «Haced vuestro deber; Dios hará el suyo». «Andad, id, vivid siempre en la presencia de Dios. Aquí está el secreto de la santidad». «Aunque no hubiera cielo ni infierno, amaría a Dios como lo hago».

Como todo reformador no escapó de las humillaciones, las injurias y las calumnias, por lo tanto, fue objeto de toda clase de vejaciones que le hicieron sufrir por y con Cristo. Para hacer frente a la conjura tramada contra él, puso la fe y se defendió con la penitencia y la caridad. Vivió una pobreza extrema e hizo penitencias durísimas como ya había hecho san Pedro de Alcántara. Sufrió de una amplia fenomenología mística. Murió en Nápoles de un ataque de apoplejía. Era 1734.