Los Santos Padres tratarían con profusión el tema de las riquezas desde un punto de vista moral, pero también de las relaciones económicas.
Para ellos, las riquezas y la vida económica debían someterse a las necesidades de la justicia y de la comunicación de bienes, primando los valores humanos y el señorío del hombre sobre dichas riquezas, para disponer de ellas de acuerdo con su destino común.
Los Santos Padres se opusieron a las formas antiguas de comunismo, sobre todo por su carácter impositivo y exclusivo, y admitieron la propiedad privada, pero esencialmente limitada y como una administración confiada por Dios para beneficio común.
En sus escritos y homilías nos encontramos con los fundamentos de una “teología del trabajo”, si bien en lo que ponen atención es en la obligación de practicar la liberalidad con los ingresos procedentes de él.
Se ocuparon de problemas sociales de su tiempo como la avaricia, el lujo, la miseria, el contraste entre ricos y pobres, el atesoramiento y la esclavitud.
