Parece un canto patriótico, que celebra con alborozo sólo el derrumbe del opresor; sin embargo, en los poemas apasionados de Nahum subyacen dos temas importantes: la soberanía de Dios sobre todos los pueblos y su especial providencia con el Pueblo.
- Dios domina sobre la Creación y sobre la Historia y nadie puede levantarse contra El (Na 1, 8). Esta idea central del poema se actualiza en la destrucción de Nínive: en Asiria se cometían los más graves delitos, la idolatría, la magia, los crímenes, la tiranía (Na 2, 12-14; 3, 4-7).
El profeta interpreta la historia en clave religiosa: es Dios quien está detrás del esplendor y detrás de la caída; es Dios quien concede el imperio, pero también quien condena con severidad los delitos. La destrucción de Nínive está descrita con lenguaje propio del “día del Señor”, a pesar de que la expresión como tal está ausente.
- El libro canta los favores de Dios a su Pueblo, en contraste con las desgracias de Nínive: si durante años Dios ha hecho pagar los delitos de su Pueblo, esa situación no es para siempre (Na 1, 12-13). Dios anuncia una nueva etapa de paz, que se inicia con la destrucción del enemigo más cruel, Asiria y su capital. Los imperios pasan, mientras que el pueblo de Dios permanece.
